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La historia del misterioso Perro Moro de Fernán Núñez

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Toni Cruz González
@tonicruzgon

Redacción COPE Córdoba

Córdoba

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 13 mar 2021

Esta semana en nuestro espacio “Córdoba Oscura” abordamos con el escritor José Manuel Morales Gajete el episodio del Perro Moro de Fernán Núñez. Muchas veces los perros, gatos y otras mascotas parecen prever el regreso de sus amos varios minutos antes de que este se produzca. En casos muy extremos, parece que son incluso capaces de sentir si su dueño ha sufrido un accidente aún estando a miles de kilómetros, o algunos se asegura que han llegado a detectar células cancerígenas en personas mucho antes que la medicina tradicional. A lo largo de la historia son varios los perros que se han hecho célebres por este comportamiento tan extraño, que señala a que poseen una conexión con sus dueños que parece ir mucho más allá de lo físico.

En nuestra provincia, concretamente en Fernán Núñez, en la década de los 70 vivieron un episodio inexplicable con Moro, el llamado “perro de los entierros”. Nadie sabía cómo ni cuándo había llegado al pueblo, pero pronto, los vecinos se percataron de que cuando este perro callejero se quedaba quieto junto a la puerta de alguna casa, a las pocas horas se producía un fallecimiento en la misma. Y luego, como si fuera un familiar más, acompañaba al cortejo fúnebre por las calles de Fernán Núñez hasta llegar al cementerio, donde esperaba pacientemente a que el difunto fuera enterrado. Algunos vecinos le cogieron cariño y lo acariciaban o le daban comida, pero la mayoría no querían verlo ni en pintura porque creían que allá donde iba le acompañaba la desgracia. Así que no fueron pocos los que al verlo entrar en su calle lo echaron a patadas. Sea como fuere, su fama fue extendiéndose por la comarca y fuera de ella, haciéndose eco de la noticia varios medios de comunicación nacionales como la revista de sucesos “El Caso”.



El fenómeno acabó llamando la atención de media Europa, e incluso equipos de la televisión alemana vinieran a la villa varios días para cubrir la noticia. El nombre de Fernán Núñez se hizo muy popular en medio mundo, y la leyenda del perro Moro continuó en aumento ya que su premonición de desgracias se volvía cada vez más sorprendente. Dicen que incluso cuando un fernannuñense fallecía en otra localidad, el perro se colocaba varias horas antes a la entrada del pueblo, esperando a que llegara el coche fúnebre para luego seguirlo hasta el velatorio.

Son muchas las personas que han dudado siempre de la supuesta capacidad adivinatoria de Moro, asegurando que lo que poseía en realidad era una gran inteligencia. Los más escépticos aseguran que el perro relacionaba las reuniones familiares que se producían en los velatorios y funerales con una mayor posibilidad de conseguir caricias y comida, y que eso, era capaz de aprender qué patrones de comportamiento se daban de forma repetida en aquellas casas que se estaban preparando para perder a un ser querido: caras de tristeza, médicos entrando y saliendo, aumento de visitas, etc. Sin embargo, si esto fuera así, también se hubiera acercado seguramente por las bodas y bautizos que se celebraban en la villa, y sin embargo, el cánido nunca se dejó ver en estas reuniones de corte más alegre, sólo hacía acto de presencia en aquellas en las que la muerte se encontraba al acecho.

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La historia del Perro Moro termina de la forma más dramática posible. Fue una noche de 1983 cuando una pandilla de desalmados propinó una brutal paliza al pobre Moro en la calle llamada "Llano de las Fuentes". Carmela, la vecina que vivía al final de esa calle, escuchó los aullidos del perro desde su casa y cuando llegó, se encontró al pobre animal agonizando en el suelo. Como apenas le quedaba aliento, no pudo más que abrazarlo y darle en soledad su último adiós.

Sin embargo, los sucesos extraordinarios en torno a este maravilloso animal no cesaron ni siquiera con su muerte. Los mismos vecinos del pueblo tomaron la iniciativa de ofrecerle un entierro digno, y para ello cavaron una fosa junto a unos paredones que hay en la zona de las "Huertas Perdidas". Poco después de enterrarlo allí, la pared se derrumbó sin motivo aparente, y precisamente, lo único que sepultó fue la tumba del perro Moro. Cosa que no hizo sino incrementar aún más si cabe su leyenda. En 1995 los vecinos del pueblo hicieron una colecta y reunieron dinero suficiente para levantarle una estatua homenaje cerca del lugar donde fue apaleado. Una escultura que aún hoy podemos contemplar en el "Parque de las Fuentes", frente al célebre Palacio Ducal, y que refleja la grandeza de un animal que ha entrado por méritos propios a formar parte de la historia de Córdoba.

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