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La historia de la cordobesa que enamoró a Federico García Lorca

El universal poeta granadino conoció a María Luisa Natera en Lanjarón y, según Ian Gibson, mantuvo una correspondencia romántica con ella durante años

La historia de la cordobesa que enamoró a Federico García Lorca
Toni Cruz González
@tonicruzgon

Redacción COPE Córdoba

Córdoba

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 11:46

Campanas de Córdoba

“¡Oh, campanas de Córdoba

En la madrugada,

Y oh campanas de amanecer

En Granada!”

(del Poema Alba, de García Lorca, 1921)

En 1916 Federico García Lorca tenía 18 años y tuvo su primer encontronazo con la Córdoba que su hermano Francisco pensaba que era “meta de la vida y guarida de la muerte”. Ese año visitó -según noticia del Diario Córdoba del 12 de julio de 1916- junto a otros once alumnos “aventajados” de la Universidad de Granada y procedentes de Baeza “la Mezquita y otros importantes monumentos de nuestra capital”. Al granadino universal no le impactó tanto la ciudad como para plasmar esta vivencia en su primer libro –“Impresiones y paisajes”-, pero los cuadros de Valdés Leal que pudo ver sí le impactaron hasta mencionar el “Obispo podrido” en el capítulo dedicado a la ornamentación en esa obra. “Sevilla para herir, Córdoba para morir”, dejó escrito el poeta.

Pero en ese año y con esa edad Lorca no solo descubrió la Córdoba de piedra, sino también se fijó en la de sangre y hueso. Según contó en “Lorca y el mundo gay” el hispanista Ian Gibson, el poeta conoció ese año a una cordobesa que le encandiló.

María Luisa Natera Ladrón de Guevara, tal era su nombre, nació en Almodóvar presumiblemente en 1902. El encuentro con Lorca se produjo en 1916 en el Balneario de Lanjarón, porque la madre del poeta, Vicenta Lorca, iba allí a tomar las aguas debido a sus problemas en el hígado. El padre de María Luisa era un ganadero cordobés y parece ser que su hermano, Mariano, también se hizo amigo del poeta. En la Córdoba de comienzos de siglo XX se solía decir, por lo bien posicionada que estaba la familia Natera que “Si quieres hacer carrera, cásate con un Natera”.

Federico quedó encandilado de los ojos azules y el pelo rubio de la adolescente y también de su talento al piano. Parecer ser que durante los días que coincidieron en Lanjarón tocaban el piano a cuatro manos piezas de Granados y de Albéniz. Lorca recreó en sus primeros poemas esos encuentros: “El piano de cola de sonido sangraba / con un vago nocturno que un muchacho tocaba. / Ella vino a mi lado con su oro y su gasa / ¿Es Chopin?... Sí, Chopin.../ Y no dije nada. / Después de separarnos / la tristeza me ahogaba”.

Fue, en todo caso, un amor imposible. Para los adinerados Natera, Lorca era un poeta y eso era un impedimento absoluto para autorizar ese romance. No obstante, el granadino envió numerosas cartas de amor que María Luisa guardó hasta su matrimonio con el farmacéutico Enrique Hitos. Según explicó a El Día de Córdoba la hija de María Luisa, dichas cartas las quemó el marido no por celos sino por miedo: “Era republicano y temía que en un registro de la Falange descubrieran en su casa las cartas de un represaliado”.

Gibson conoció la historia de este romance por los hijos de María Luisa tras la serie que emitió TVE sobre el poeta. Lorca, es de sobra conocido, fue asesinado por un escuadrón de fascistas en 1936. María Luisa Natera falleció en Madrid en 1983, diecisiete años después que su marido.

Hay quienes discuten el romance, objetando que el Hotel España donde se produjo el encuentro no se inauguró hasta 1917 o que no está documentado que la familia Lorca visitara Lanjarón en época tan temprana. En todo caso, Córdoba -ciudad que visitó en numerosas ocasiones y en la que encontró la amistad del también poeta fusilado José María Alvariño- fue caudalosa fuente de inspiración para Lorca, como plasma en algunos de sus versos más románticos dedicados a San Rafael:

“Un solo pez en el agua

Dos Córdobas de hermosura.

Córdoba quebrada en chorros

Celeste Córdoba enjuta”

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