SALAMANCA

Juan del Álamo se impone en un nuevo fracaso de Vellosino

El diestro salmantino cortó dos orejas con el único lote que tuvo algunas opciones. Morante y Manzanares se fueron de vacío.

Juan del Álamo en su salida a hombros del coso salmantino de La Glorieta

 Juan del Álamo en su salida a hombros del coso salmantino de La Glorieta EFE

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Director de ‘El Albero'

Salamanca

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 23:39

Después de varias polémicas durante este verano, la ganadería salmantina de Vellosino volvía a La Glorieta este año tras varias temporadas de ausencia y bien podría estar otro par de años más en la nevera. Toros de feas y bastas hechuras, de indecorosas defensas y juego manso. Solo un astado, el tercero, por hechuras y comportamiento, fue algo cercano a lo que entendemos por un toro de lidia. El resto, material para el carnicero. Juan del Álamo aprovechó el favor de sus paisanos para salir a hombros. Mientras, Morante y Manzanares purgaron su empecinamiento por apostar por ganaderías como Vellosino.

Abrió un plaza un toro que no entraba por los ojos. Ancho de sienes, paletón y sin ninguna fijeza de salida. Tardó Morante en decidirse a fijar su embestida. Tanto, que cuando lo hizo ya estaba el picador en el ruedo. El astado del hierro salmantino tuvo tanta clase y ritmo como falta de raza y emoción en sus embestidas. Morante hilvanó varias tandas de buen trazo y ligazón en redondo. Pero faltó conexión con los tendidos. Al natural al toro le faltó fondo para seguir embistiendo. Todo a menos. 

El segundo no hubo por dónde cogerlo. Por su nulo trapío y su descastado comportamiento. Su brío inicial tornó en complicaciones en el tercio de muleta. Manzanares se puso por ambos pitones sin sacar nada en claro. Medias embestidas y siempre reponiendo hicieron que el alicantino abreviase. 

Mucha más movilidad y mejores hechuras trajo el tercero. Pese a que se escobilló el pitón derecho tras su paso por el peto, el de Vellosino tuvo buen son y se desplazó con largura y repetición. Sobre todo por el pitón derecho. Juan del Álamo salió a por todas desde el comienzo de faena. De rodillas el prólogo. Y muy templado y estructurando la faena con cabeza. La ligazón como virtud y la falta de ajuste como debe en algunos compases del trasteo. Pero todo con mucha limpieza en el trazo. Y el epílogo por giraldillas. Una estocada tendida, previo pinchazo, necesitó de un golpe de descabello. La oreja premió con justicia el conjunto.

El cuarto fue un animal con más de seiscientos kilos. Demasiada carrocería para tan poco motor. Morante quiso estirarse con el toro, pero sus nulas fuerzas y escaso recorrido hicieron que pronto decidiese tirar de macheteo entre las protestas del público. Lo avío con prontitud y se agradeció.

El quinto resultó otro ejemplar de escasísimo trapío y desbravada condición. Manzanares se dedicó a tirar líneas hasta que el público le recriminó tal simulacro de faena. La espada, entera, se fue esta vez a los bajos.

El sexto, por hechuras, recordaba a un toro limousín de carne. Y su testa coronada por dos sonrojantes pitones que apuntaban hacia la rojiza arena del ruedo de La Glorieta. Del Álamo tiró de raza cuando cogió los palos para interpretar el tercio de banderillas. Tras el primero, perdió la cara al toro y éste le arrolló contra las tablas. Milagroso que no aquello no tuviese peores consecuencias y todo quedase en el susto y en fuerte golpe. Voluntarioso con los palos, la faena de muleta del torero salmantino fue todo disposición ante un toro que fue apagándose como una vela. Sus paisanos quisieron sacarlo a hombros pese a mató de una estocada corta que necesitó de varios golpes de descabello.


FICHA DEL FESTEJO 

Salamanca, viernes 14 de septiembre de 2018. 3ª de Feria. Casi tres cuartos de plaza.

Toros de Vellosino, mal presentados. De dispares y feas hechuras. Solo el tercero tuvo mejores hechuras y la postre dio buen juego en la muleta. El resto, muy bajos de raza. Manejable y con clase el soso primero; a menos el sexto; el resto, muy apagados.

Morante de la Puebla, silencio y división al saludar.

José María Manzanares, silencio y silencio.

Juan del Álamo, oreja y oreja.

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