NVIDIA acuerda la venta de millones de chips a Meta: así afectará a tu bolsillo

El acuerdo entre las dos gigantes tecnológicas está pensado para rentabilizar las grandes inversiones en la IA

DPA vía Europa Press

Jensen Huang, presidente y director ejecutivo de Nvidia

David Ildefonso Trabada

Madrid - Publicado el

3 min lectura

 El boom de la inteligencia artificial está entrando en una nueva fase: las grandes tecnológicas ya no solo compiten por lanzar modelos más avanzados, sino por asegurarse el hardware necesario para entrenarlos. 

En este contexto, NVIDIA ha alcanzado un acuerdo para vender millones de chips de inteligencia artificial a Meta, una operación que confirma hasta qué punto la carrera por la IA se ha convertido en una batalla industrial y económica de primer nivel.  

El acuerdo entre NVIDIA y Meta

NVIDIA ha firmado un contrato (del cual aún se desconocen los términos financieros precisos) para suministrar una enorme cantidad de procesadores de alto rendimiento a Meta, destinados a alimentar centros de datos y proyectos de inteligencia artificial generativa

El objetivo es que la empresa de Mark Zuckerberg pueda entrenar modelos cada vez más grandes, potenciar asistentes inteligentes y reforzar su infraestructura de computación en la nube

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Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Meta, durante una intervención en Washington

Este tipo de acuerdos están disparando los ingresos de NVIDIA y consolidando su posición dominante en el mercado de chips de IA, donde sus GPUs son consideradas el estándar de facto. El movimiento también refleja una tendencia más amplia: las grandes tecnológicas están invirtiendo miles de millones en hardware para no quedarse atrás en la carrera de la IA.

Inflar más la burbuja de la IA

Con la promesa de que la IA será una revolución tecnológica de la misma talla que lo fue Internet, las grandes empresas ven vital invertir en ella para no quedarse atrás. Por ello, la acumulación de chips ahora es imprescindible para seguir en la carrera. 

La inflación meteórica del precio de la memoria RAM es otro síntoma de esta fe ciega en la IA que hace crecer la burbuja

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Imagen de archivo de un centro de datos

La realidad es que la creación y entrenamiento de modelos de inteligencia artificial supone un gasto económico ingente en agua, personal, hardware y electricidad.  Se realizan gigantescas inversiones en una tecnología que tiene, por el momento, muy poca rentabilidad

Si el mercado perdiese la fe en la IA, caerían las acciones de muchas de las mayores empresas tecnológicas, a la par que desplomaría el precio de los chips (y, por ende, de productos como los teléfonos). No obstante, acuerdos como el de NVIDIA y Meta hacen justo lo contrario: crean aún más expectación por esta tecnología, aumentando el golpe de la caída en caso de que explote la burbuja.

Cómo esto afecta a tu dinero

Si la demanda de chips de IA sigue creciendo, los fabricantes de semiconductores pueden priorizar los productos más rentables, encareciendo otros componentes como la memoria RAM o los procesadores para móviles

En la práctica, esto podría traducirse en smartphones más caros o en menos mejoras por el mismo precio. Además, si los fabricantes tienen dificultades para conseguir componentes, podrían retrasarse lanzamientos o limitarse la disponibilidad de ciertos modelos.

También hay un efecto indirecto: el coste de los servicios en la nube, las suscripciones de IA o las funciones avanzadas en apps puede aumentar, ya que las empresas necesitan recuperar las enormes inversiones en hardware.

La venta masiva de chips a Meta es una señal de que la inteligencia artificial ya no es solo un proyecto experimental, sino una infraestructura crítica comparable a internet o la electricidad. Las grandes empresas están apostando cantidades récord porque creen que la IA definirá la próxima década tecnológica.

Sin embargo, esta concentración de demanda también crea riesgos. Si pocas empresas controlan el hardware clave, pueden influir en precios, innovación y disponibilidad. Además, la industria de semiconductores podría experimentar ciclos de escasez y sobreproducción más extremos que en el pasado.

Si la carrera por el desarrollo de esta tecnología sigue a todo tren, nuestros teléfonos seguirán subiendo de precio. La alternativa, con la burbuja explotando, daría lugar a dispositivos más baratos, pero también a un crash que haría tambalear al sistema financiero global