COVID PERSISTENTE
Patricia y Estrella, obligadas a adaptar su covid persistente al puesto de trabajo
Patricia es contable y Estrella, fisioterapeuta. Ambas tienen covid persistente, forman parte de esos 600.000 españoles que arrastran la enfermedad desde sus inicios y pertenecen a ese 19% de pacientes que, según un estudio de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), "trabajan pero lo hacen con muchísimas limitaciones".
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Patricia es contable y Estrella, fisioterapeuta. Ambas tienen covid persistente, forman parte de esos 600.000 españoles que arrastran la enfermedad desde sus inicios y pertenecen a ese 19% de pacientes que, según un estudio de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), "trabajan pero lo hacen con muchísimas limitaciones".
Patricia Carretero y Estrella Rufo, del colectivo de Long Covid de Asturias, han acudido este viernes al XXIX congreso nacional de la SEMG, que ha presentado una encuesta sobre la covid persistente, para poner cara a una enfermedad que les destrozó la vida y explicar que, pese a las decenas y decenas de síntomas que padecen, han tenido que retomar la vida laboral porque las analíticas y las resonancias dan bien aunque no pueden con su cuerpo.
Carretero y Rufo se contagiaron en 2020 y 2021, respectivamente, la primera tuvo un covid grave que no acabó en hospitalización porque no había camas; en el caso de la segunda la enfermedad se presentó de forma leve pero con síntomas insistentes que persisten con predominio de los de tipo neurológico.
Ni Carretero ni Rufo quieren una jubilación anticipada, ambas tienen hijos pequeños y quieren seguir con la vida de antes de la pandemia, una vida normal, sin patologías, donde no tenían limitaciones ni en la vida laboral ni social.
Ambas corroboran, como dice la encuesta de la SEMG, falta de apoyo en el ámbito laboral, y coinciden en que "no se entienden los síntomas de esta enfermedad crónica" que provoca un cansancio hasta entonces nunca sentido, con dolores incapacitantes en todo el cuerpo y, sobre todo, deterioro cognitivo, dificultad para mantener una conversación o procesar una idea.
Carretero, de 41, años y Rufo, 42, comparten origen, ambas son de Gijón y en los dos casos han encontrado también multitud de problemas en el ámbito sanitario. "No hay evidencia, no hay virus" es lo que oyen repetidamente.
Ambas pacientes de covid persistente reconocen que, hoy por hoy, no hay cura, pero piden a la sociedad que entienda lo que están pasando que, además, les supone un calvario porque no hay coordinación para abordar síntomas tan diferentes, que les supone tomarse de 10 a 20 pastillas diarias.
Carretero estuvo de baja un año, Rufo, solo un mes, pero cuando retomaron el mundo laboral se enfrentaron a muchas dificultades. Carretero pudo compatibilizar con el teletrabajo, Rufo, como autónoma y con el peso de la mutualidad, que no reconocía la enfermedad, no tuvo esas facilidades.
En el marco del XXIX congreso, estas dos pacientes quieren ofrecer un poco de luz a otras personas que en España se encuentran en la misma situación, porque la persistencia del covid, que parece aminorada por el fin de la pandemia, sigue ahí pese a las vacunas.
Y explican que la gente que les contacta como organización, principalmente en Asturias, llegan con muchos meses de síntomas debido a que pierden el tiempo en un largo peregrinaje por médicos que demora las respuestas.



