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La inflación en rentas bajas: de comprar menos a saltarse comidas

En COPE profundizamos en cómo los precios disparados empeoran los hábitos alimentarios de las familias vulnerables

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Carmen Labayen
@carmenlabayen

Jefa de Sociedad, Nuevas Tecnologías y Casa Real en COPE

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 14:46

Una de cada cuatro familias en España se salta comidas para ahorrar, el doble en familias con rentas inferiores a los 15.000 euros. En plena espiral de precios, los hábitos alimentarios han empeorado sobre todo en los hogares con menos ingresos y más personas. El 14 por ciento ha recurrido a programas alimentarios. Son una ayuda pero, según los expertos consultados por COPE, no garantizan los nutrientes que necesitan estas familias para tener una vida saludable.

Con los alimentos un 16,7 por ciento más caros que hace un año, las familias aplican todo tipo de estrategias para mantener unos menús que en muchos hogares son ahora menos equilibrados que antes de que los precios se disparasen. Lourdes, de 24 años y Manuel de 57, son padre e hija. Cuentan a COPE como ahora optan sobre todo por marcas blancas, ha limitado mucho la compra de pescado fresco que sustituyen por conservas, también consumen menos carne y pollo y utilizan el aceite con cuentagotas.

Otras familias tiene que ir más allá al no poder costearse ni siquiera las 3 comidas diarias. De hecho y, según el último Informe Kellogg's sobre pobreza alimentaria en España, el 26 % de los españoles reconoce que se salta comidas para ahorrar dinero. Este porcentaje alcanza el 41 % en los hogares con ingresos inferiores a los 15.000 euros. Para paliar esta situación Andrea y Steve llevan a sus hijos al colegio a las ocho y media de la mañana de forma que tengan garantizado el desayuno mientras tratan de recuperarse del impacto que para ellos ha tenido la pandemia.

“Son renuncias importantes y generosas de padres que se apañan sin cenar para que sus hijos puedan hacer 5 comidas al día”, explica a COPE Raúl Flores, coordinador del equipo de Estudios de Cáritas Española.

El números de españoles que no desayunan se ha duplicado: del 4 % al 7 %

El número de personas que no desayuna cada mañana en nuestro país casi se ha duplicado en España, pasando del 4 % en 2016 al 7 % en 2023. Según este informe de Kellogg's elaborado a partir de 1.000 encuestas en nuestro país, aunque la mayoría de ellos dicen no desayunar por no tener hambre o tiempo, un 5 % dicen que no desayunan para que otros miembros de la familia puedan hacerlo y un 3 % declaran no poder permitírselo. En el caso de hogares con ingresos inferiores a los 15.000 € este porcentaje alcanza el 14 % y 5 % respectivamente.

Además y según el estudio llevado a cabo en otros países europeos, un tercio de los españoles, el 32 por ciento, está preocupado por la cantidad de dinero que tiene que gastar en alimentos frente al 19 por ciento en 2016.

Ocho de cada 10 personas que han visto empeorada su situación económica tras la pandemia optan ahora por comprar más producto de marca de distribución, comprar productos más económicos además de buscar establecimientos más baratos según el informe Sociedad y decisión alimentaria en España elaborado por el Instituto Universitario CEU Alimentación y Sociedad y la Fundación Mapfre. La mitad de ellos se llevan la comida preparada de casa y come menos carne y pescado.

De hecho y según este estudio el 30,9 por ciento ha disminuido la cantidad de alimentos frescos que consume como frutas, verduras y hortalizas. Un porcentaje que escala al 53,9 por ciento en los hogares en los hogares con 5 o más personas, en los que suele haber convivencia de los más vulnerables, como niños y/o ancianos. Según Gregorio Varela, investigador principal del informe, son datos que revelan “un empeoramiento de la calidad de la dieta que está ocultando sobre todo insuficiencias nutricionales que muchas veces son carencias en vitaminas y minerales y que, de prolongarse en el tiempo, impactan negativamente en la salud”.

A juicio de este catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo, a mayor limitación de la renta más necesaria es ofrecer herramientas informativas y educativas sobre cómo conseguir los nutrientes que necesita a partir de unos u otros alimentos y de las diferentes formas de elaborarlos y combinarlos: “muchas veces la población piensa que la dieta mediterránea es cara y debemos demostrarle que no. Podemos por ejemplo comprar fruta de temporada o verduras congeladas, aumentar el consumo de legumbres y comprar pescados en conserva, opciones menos costosas, alternativas a los frescos e interesantes para una alimentación saludable”.

Con respecto a 2017 y según este informe, hay también un cambio en los hábitos de compra de alimentos y del lugar en el que se realiza en función de si estamos a principios o a final de mes en 2022. Casi el 63 por ciento compraba el año pasado productos frescos varias veces por semana frente al 75,3 por ciento en 2017. Y lo contrario sucede con la frecuencia en la adquisición de productos no perecederos que ha pasado del 30,5 por ciento al 36,7 por ciento en ese mismo periodo. Una modificación atribuible según Varela a la voluntad de ahorrar de los consumidores.

Cada vez hay más familias que acuden a pedir alimentos

El estudio del Instituto Universitario CEU Alimentación y Sociedad y la Fundación Mapfre también refleja que el 14,4 % ha acudido ya a programas de ayuda alimentaria. Para Flores aunque son una ayuda fruto de la generosidad de muchas personas y organizaciones no cubren las necesidades de todas las familias y no dejan de ser un parche más que una solución.

“Creo que en la sociedad actual, en una sociedad como la española la línea roja no está en pasar o no pasar hambre sino en llevar una nutrición adecuada porque el que las familias puedan comer macarrones con tomate o lentejas cuatro veces por semana aunque evite pasar hambre no está generando una buena alimentación, una alimentación adecuada y sostenible” asegura Flores.

Considera que el aumento de la inflación ha penalizado especialmente a las familias más vulnerables al haber subido los productos más básicos. Medidas como el cheque de 200 euros que ha puesto en marcha el Gobierno para apoyar a los hogares con menos ingresos es una ayuda que, en opinión de Flores, “ni es la manera ni son suficientes. No se puede basar el apoyo a la familias en entregas o transferencias puntuales. Reconociéndole su valor y su apoyo puntual, necesitamos políticas y estrategias estructurales”.

Según Flores, las familias con hijos tienen casi el doble de pobreza y exclusión social que las familias sin hijos es algo que demuestra que “una vez más están pagando las consecuencias y necesitamos que esas circunstancias no se prolonguen porque cuanto más tiempo permanezcan en situación de pobreza y de privación material mayores son las heridas y más les cuesta a padres e hijos dejar atrás esta situación”.

Dos millones y medio de hogares españoles no tienen acceso a diario a alimentos sanos y nutritivos, según un estudio realizado por la Universidad de Barcelona. Un problema estructural agravado por las consecuencias de la pandemia y ahora también por la subida de los precios. Ya en 2019 casi el 12 % de los hogares españoles necesitaban ayuda para comer.

Y, según recoge el último informe FOESSA, que analiza el impacto del la COVID-19 en la cohesión social en España, la huella social de la crisis sanitaria ha sido profunda y ha incidido en la situación provocada por la Gran Recesión de 2008 a 2013, que no fue plenamente resuelta en el siguiente periodo de recuperación. Una huella que se concreta en un aumento de las desigualdades sociales, incluidas las de género, y de la exclusión social, que amenaza con profundizar y cronificar la fractura social con los sectores más vulnerables.

Esta nueva crisis ha intensificado, según el estudio, procesos de transformación social en marcha, como el aumento de la inestabilidad laboral, que incide en la inseguridad de amplios sectores de la población ocupada, o la digitalización intensiva, que ha hecho visible un nuevo factor de exclusión en forma de brecha digital.

Frente a esta situación, el esfuerzo de respuesta desde las políticas públicas ha sido notablemente mayor que en la crisis anterior, con un proceso de refuerzo y transformación de las políticas públicas en marcha, que no siempre ha podido seguir el ritmo que las necesidades sociales requerían.


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