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Experto resalta que la prevención es clave para que el dolor agudo no evolucione a crónico

Europa Press

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 14:18

La prevención para evitar que el dolor agudo evolucione a dolor crónico es fundamental, ya que se piensa que tras tres meses de dolor persistente en alguna región corporal se comienzan a producir cambios en el sistema nervioso central, según ha resaltado el doctor César Margarit, secretario en funciones de la Sociedad Española del Dolor (SED) durante el Día Mundial del Dolor, coincidiendo con el 30 aniversario de la SED.

Estos cambios incluyen el reacondicionamiento de las vías neuronales para compensar el dolor en marcha, y muchos estudios han mostrado evidencia de cambios cerebrales en individuos con dolor crónico comparado con individuos sanos libres de dolor. Mientras esto ocurre, incluso aunque el dolor local haya sido curado o sea tratado, el reacondicionamiento del sistema nervioso central podría hacer que la experiencia dolorosa continuase y se hiciese crónico. Por ello, la prevención del dolor es vital, porque una vez que el dolor se convierte en crónico es mucho más difícil de tratar y tiene un efecto en la calidad de vida.

El Día Mundial del Dolor es una iniciativa anual de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés) a nivel mundial, que trata de hacer visible el abordaje del dolor, haciendo hincapié en los objetivos y necesidades no cubiertos todavía para un manejo adecuado de las personas que sufren dolor y mejorar su calidad de vida.

Según la IASP, el dolor se define como "una experiencia sensorial y emocional desagradable con daño tisular real o potencial, o descrito en términos de tal daño". El dolor crónico se define como dolor que continua presente durante más de 3 meses, o que dura más del tiempo habitual que se espera para su recuperación. La monitorización del dolor que no mejora en 3 meses es importante ya que el tratamiento temprano del dolor es la mejor manera de prevenir el dolor crónico persistente y de larga duración.

Se estima que 1 de cada 5 personas en el mundo experimenta algún tipo de dolor crónico. Se estima que el 17 por ciento de la población española vive con dolor crónico. Los tipos más comunes de dolor crónico incluyen dolor musculoesquelético (ej., dolor crónico en la zona lumbar, cervicalgia o dolor artrítico); dolor neuropático (ej., neuropatía periférica, neuralgia del trigémino); síndromes de dolor funcional (ej., fibromialgia, migraña crónica, dolor pélvico crónico); dolor crónico postquirúrgico; síndrome de dolor regional complejo; y dolor oncológico.

"El dolor crónico representa una gran carga tanto para la sociedad como para los individuos, de ahí la importancia de su prevención. El impacto personal del dolor crónico en la vida de la persona depende de la severidad y la duración del dolor y de cómo el individuo es capaz de manejar su dolor, pero puede llevar a reducir su actividad y al aislamiento social. Aunque pueda parecer que evitar actividades como el ejercicio o los eventos sociales puede ayudar al descanso y la curación, los datos científicos muestran que una actividad ligera o moderada y la participación continua en una gama saludable de actividades diarias es lo mejor para la prevención y el tratamiento del dolor crónico", ha destacado el doctor Margarit.

En la transición del dolor agudo a dolor crónico, una variedad de factores físicos, genéticos, medioambientales, psicológicos y sociales interactúan con la fisiopatología. Es difícil conocer todos los mecanismos y factores implicados en la cronicidad del dolor, pero todos tienen un papel determinante. Muchos tipos de dolor crónico comienzan como dolor agudo con cambios en la zona afectada por el dolor, como inflamación, cansancio/desequilibrio muscular, heridas o cualquiera de los demás factores físicos arriba descritos.

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