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¿Cómo se actúa contra el coronavirus en los campamentos de verano?

La pandemia ha obligado a los organizadores de campamentos a modificar sus actividades para hacerlas seguras

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13:38

Cuando terminan los colegios, los más jovenes tienen por delante tres meses de merecidas vacaciones. Muchos de los padres deciden apuntar a sus hijos a campamentos de verano. Es una oportunidad muy buena para que pasen tiempo alejados de las pantallas, en contacto con la naturaleza, conozcan a más jóvenes y vayan ganando en independencia y autonomía.

El coronavirus ha supuesto un parón en estas actividades estivales. El año pasado, muchos fueron cancelados. Otras organizaciones tuvieron que cambiar el plan original y adecuarlo a la pandemia. Este año, con un mayor conocimiento del virus y una parte significativa de la población vacunada, se ha abierto un poco la mano y los niños pueden volver a disfrutar de un tiempo fuera de casa.

Pese a esto, los campamentos de verano se han visto obligados a adaptarse para ser un lugar libre de coronavirus. Para conocer de cerca estos cambios, hemos hablado con varios monitores y coordinadores de campamentos que se han celebrado o se están celebrando en este curso.

Todos coinciden en que la primera medida es el test de antígenos antes de la subida al autobús. Con esto se aseguran de que ninguno de los asistentes, acampados y monitores, llevan el virus al lugar donde se va a desarrollar el campamento.

Los grupos dentro del campamento

Marta, estudiante de enfermería y monitora de campamento, nos cuenta cómo se organizaron estos grupos en su campamento. Los niños se dividían en grupos reducidos, con un monitor responsable para todos ellos. Durante el trascurso de las actividades, los niños siempre estaban con su grupo.

En los comedores se realizaban controles de temperatura. Por la mañana, antes del desayuno, y por la noche, antes de la cena. Los acampados se separan en varias mesas de no más de ocho comensales, siempre con mascarilla y con mesas separadas con mamparas. Es muy común que los acampados sean los encargados de limpiar el comedor, pero este año se han suprimido esas tareas para garantizar que la limpieza se hace a fondo.

A la hora de dormir, la normativa de la Comunidad de Madrid estipula un máximo de tres por tienda, aunque en el campamento de Marta eran dos. Para reducir las poslbilidades de contagio en las tiendas, los acampados dormían opuestos, con la cabeza mirando a los piés de su compañero de tienda.

Maximizar el tiempo al aire libre

Cuanto más tiempo al aire libre, menos posibilidad de contagios. María, monitora de otro campamento, apunta que se ha intentado que la mayoría de los juegos y actividades se hicieran en espacios abiertos. Esto les ayuda a pasar tiempo en contacto con la naturaleza, que en muchos casos no tienen a lo largo del año. Además, con las nuevas medidas, los niños no tenían que llevar la mascarilla para estas actividades, lo que les resulta más cómodo para los deportes.

Ante un caso, aislamiento y se contacta con sanidad

María nos cuenta el protocolo para actuar contra un caso de Covid. La primera medida era la vigilancia. Los monitores tenían que llevar un registro de las temperaturas de sus acampados, y estar especialmente alerta a los síntomas más frecuentes: tos seca, dolor de cabeza y fiebre.

Si un niño tenía alguno de estos síntomas, se le realizaba un test de antígenos. De ser positivo, se le aislaría en su cuarto o tienda y se alertaría a sanidad. Afortunadamente, nos dice María, no ha habido ningún caso en su campamento.


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