SOCIEDAD OPORTUNIDADES (Crónica)

De Cádiz a Corea del Sur: más de 10.000 kilómetros para una oportunidad

J.C. Marente

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 11:22

J.C. Marente

Corea del Sur se cruzó por Cádiz en la vida de Vicente Adolfo Bolea y él decidió enredarse en la casualidad. Este gaditano empezó una relación sentimental con una joven coreana que estudiaba en su ciudad; corría el año 2011, y él cursaba el primer curso de Ingeniería Informática en la Universidad de Cádiz.

Siete años después trabaja y culmina sus estudios en la Ulsan National Institute of Science and Technology (Unist), una de las universidades más ambiciosas del continente asiático y de las cuatro públicas del país coreano que promueven la investigación en ciencia y tecnología.

Nieto de un histórico delantero y goleador del Cádiz Club de Fútbol a finales de los 50 y principios de los 60, con quien comparte nombre y apellido, Vicente Adolfo Bolea es el protagonista de una historia repetida en España: la de un joven que decide emigrar al extranjero en busca de una apuesta seria por la investigación en su campo de estudio.

Este joven nacido en Cádiz en 1991 pisó por primera vez la Unist en los coletazos más severos de la crisis económica en la provincia de gaditana.

La apuesta por la I+D+i no parecía una prioridad en aquellos instantes en España cuando, ante él y gracias a una beca de intercambio, se abría una oportunidad en una universidad moderna, de reciente creación, en la capital industrial de Corea del Sur.

Allí estuvo en unas prácticas de laboratorio informático tras aceptar una invitación del que hoy sigue siendo su tutor.

"Es realmente un mentor más que un profesor", reconoce Bolea a Efe mientras apura antes de volver al país coreano los rayos de sol veraniegos de los que presume su ciudad natal.

A este estudiante le sedujo aquella experiencia y volvió en verano, cuando su tutor le comentó que podría tener un hueco en el engranaje de su laboratorio en la Unist si dejaba sus estudios en Cádiz y decidía comenzar de nuevo la carrera allí, en la universidad coreana.

"Me atreví, me lancé", señala este gaditano, que empezó a cursar en el 2012 la carrera de Ingeniería Informática en la elitista Unist al tiempo que trabajaba en un equipo de investigación sobre inteligencia de datos y arquitectura de sistemas, que es la rama de la informática en la que se ha especializado.

Bolea no tardó en echar de menos "la forma de salir y alternar que hay en España" y tuvo que adaptarse casi a marchas forzadas a las claves sociales de Corea del Sur, donde "las relaciones sociales están más protocolizadas" y donde "todo tiene un carácter más formal".

Apunta que los coreanos son "muy pragmáticos" y que, precisamente de ese espíritu hace gala la Unist, que funciona con una docencia marcada por la flexibilidad y la libertad de organización del alumnado.

"He llegado a tener en un semestre cuatro o cinco asignaturas de dos horas a la semana de clase cada una", sostiene Bolea, quien resalta la profunda especialización que busca y encuentra el modelo de la Unist.

A este gaditano le sorprendió, desde el primer instante, la inversión de aquella universidad en I+D+i. "En la Unist se apoya mucho más que en cualquier universidad de España la investigación. Es increíble la cantidad de dinero que invierte en formación y en nuevos equipos de investigación para sus alumnos", sostiene.

A día de hoy, Bolea está terminando un máster y sigue formando parte de aquel equipo de investigación, ahora con más responsabilidad como investigador asociado, tras un breve periplo en Alemania.

Tras rememorar su experiencia, tiende la mano a cualquier estudiante español que quiera recorrer sus mismos pasos, repasar las huellas que ha ido dejando por Corea del Sur, probar su misma suerte académica. Y piensa en voz alta: "Me encantaría ayudar a cualquier español que quiera intentarlo y cederle mi testigo".

Sus palabras suenan a despedida del país coreano porque, de hecho, Bolea quiere buscar en un futuro cercano nuevos retos profesionales en Estados Unidos o Europa. Habla con ilusión de Silicon Valley, de las empresas coreanas que hay allí instaladas y, en un guiño a sus orígenes, sueña con volver a España, aunque intuye que no será fácil encontrar un puesto acorde a su especialización.

Su proyecto profesional a corto plazo pasa por adentrarse en el campo de la arquitectura de sistemas y encontrar un hueco en una gran empresa.

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"Y en un futuro quiero crear mi propia empresa", detalla, para cuadrar una historia con aristas insólitas y, a la vez, con puntos comunes -como la emigración, la búsqueda de una apuesta por la investigación y el horizonte de emprendimiento - sobre los que pivota la generación a la que estalló la crisis en pleno desarrollo académico.

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