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30 años del fin del KGB: todas las terribles técnicas de tortura para obtener información y castigar traidores

El KGB sometía a los detenidos a torturas psicológicas como obligar a mantenerse inmóviles a los interrogados, encerrarlos en habitaciones oscuras o no dejarles dormir durante días

30 años del fin del KGB: todas las terribles técnicas de tortura para obtener información y castigar traidores

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 00:20

En la historia de la humanidad ha habido numerosas organizaciones que han sembrado el terror desde los organismos oficiales. Una de las más conocidas y temibles fue la KGB, los servicios de seguridad y espionaje de la URSS. Nikita Kruschev fue el encargado de fusionar los diferentes organismos de control soviéticos para crear el Komitet Gosudarstvennoi Bezopasnosti, más conocido como el KGB por sus siglas. En 2021, se cumplen 30 años desde que la KGB dejó de existir, aunque le sucedió otro servicio de inteligencia y espionaje, la FSB, que llegó a liderar el actual presidente de Rusia, Vladimir Putin. Además, en este mismo año se cumplen 20 años desde que Rusia desclasificó documentos y permitió conocer algunas cosas de lo que sucedía en la URSS.

El KGB se encargaba de obtener y analizar toda la información relacionada con la URSS. Estos agentes de inteligencia de la URSS y espías vigilaban que la población se mantuviese fiel al régimen y aquellos contrarios a los ideales soviéticos eran detenidos e interrogados para obtener información. En muchas ocasiones las acusaciones eran falsas, ya que bastaba con una ligera sospecha o que alguien te delatase para poder ser detenido. De hecho, la KGB justificaba muchas de sus detenciones con una enfermedad inventada, la 'esquizofrenia lenta', que consistía en unos delirios que hacían pensar en contra del régimen soviético.

Los agentes eran entrenados por la propia KGB para realizar todo tipo de prácticas con tal de lograr el objetivo: obtener información de los sospechosos. Utilizaban todo tipo de técnicas y torturas para que los detenidos acabaran perdiendo la cabeza y confesasen, aunque en muchos casos las afirmaciones no eran verdaderas debido al estado de los detenidos. La gran mayoría de veces los reclusos acababan confesando y muchos perdían la cabeza, pese a ser miembros entrenados de la KGB. De hecho, la experta Lidia Golovkova afirma que el general Sidyakin acabó con un trastorno que le hacía comportarse como un perro dentro de la celda.

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Torturas psicológicas que desquiciaban a los detenidos

Las técnicas de tortura de la KGB eran terribles, pero no tenían predilección por el abuso físico, sino que buscaban por medio del desgaste psicológico que el detenido se desquiciase y acabase revelando información. Otro método utilizado, aunque en menos ocasiones fue la tortura química, obligando al acusado a ingerir sustancia químicas que produjesen desajustes psicológicos. Uno de los casos más sonados con esta técnica fue el de Yuri Nosenko, quien fue coronel de la KGB y fue torturado durante tres años y medio por psiquiatras y médicos con LSD para alternar fases de euforia con caídas en depresión.

Una de las bases que utilizaban para cualquier detención era la perseverancia. Realizaban interrogatorios de varios días seguidos en los que, por turnos, diferentes agentes de la KGB preguntaban hasta desesperar a la persona interrogada. Muchos de los métodos que utilizaban eran simples, pero eficaces. Bastaba con encerrar al detenido en un cuarto completamente a oscuras u obligarle a escuchar un pitido continuo durante días para que perdiesen la cabeza.

Durante estas interminables rondas de preguntas, obligaban a los reclusos a mantener ciertas posturas en las que no se podían mover, como mantenerse sentados encima de sus manos para no poder mover los brazos o sentarse en la pata de un taburete para que el más mínimo movimiento hiciese que se clavase en el recto.

Posiblemente la técnica más llamativa y a la vez básica es la conocida como ‘patio del absurdo’. Esta tortura consistía en encerrar al detenido en un cuarto con una pila de ladrillos en un extremo y hacer que pase, de uno en uno, todos los ladrillos para al finalizar, volver a repetir la acción hacia el otro lado. Día tras día, al final el recluso se volvía loco al perder su razón de ser.

Otro recurso de tortura muy utilizado era someter al recluso a temperaturas extremas. Existían celdas que parecían auténticas calderas con temperaturas muy altas. De hecho, un método parecido fue el que se utilizó para matar a Oleg Penkovski, un agente que desertó de la URSS y que tras numerosas torturas le asesinaron introduciéndole muy lentamente en un horno crematorio. Por otro lado, se aprovechaba el frío invierno de la URSS para mojar en agua fría a los reclusos y que prácticamente se congelasen.

Los agentes buscaban desesperar a las víctimas. En ocasiones colgaban de las axilas a los detenidos sobre un cable rozando el suelo para mantenerles prácticamente en suspensión y sufriendo. Otras veces se encerraban en cuartos con un suelo inclinado en el que era imposible dormir o en una habitación inundada con solo un pequeño saliente en el que estar de pie para que tuviesen que estar en esa postura continuamente y no pudiesen dormir.

La experta Lidia Golovkova calcula que, en total, el KGB contaba con una batería de más de 50 torturas diferentes para desquiciar a los detenidos y poder sonsacarles todo lo que quisiesen. Además, hay que tener en cuenta que la URSS era un régimen extremadamente clandestino y del que era muy difícil que se filtrase información, por lo que muchos datos, trabajos o torturas que utilizaba la KGB pueden estar aún ocultos.


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