El miedo a una guerra lejana activa el cerebro como si el peligro fuera inminente

La exposición constante a discursos alarmistas e imágenes impactantes puede generar ansiedad, hipervigilancia y una sensación de pérdida de control

Iñigo Jodra

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La escalada de conflictos en Oriente Medio o la amenaza nuclear se traducen en una ansiedad colectiva que, aunque se encuentre a miles de kilómetros, instala el miedo aquí. Según explica en COPE la psicóloga María Padilla, el cerebro no distingue entre una amenaza directa y una que es percibida de forma constante, por lo que la exposición continua a alertas y discursos alarmistas afecta directamente a la salud mental.

Este flujo de información activa el sistema nervioso como si el peligro fuese real: "No estamos en guerra, pero el cuerpo puede comportarse como si lo estuviésemos", señala Padilla. Esto genera síntomas como hipervigilancia, dificultad para dormir, irritabilidad y una constante sensación de pérdida de control.

No estamos en guerra, pero el cuerpo puede comportarse como si lo estuviésemos"

María Padilla

Psicóloga

Aprender a gestionar la incertidumbre

Más que prepararse para una guerra, la psicóloga subraya la necesidad de "aprender a convivir con la incertidumbre", ya que "la seguridad absoluta nunca ha existido". Para ello, recomienda recuperar la sensación de control en lo cotidiano, manteniendo rutinasvínculos personalesautocuidado.

También resulta clave limitar el consumo de información. Según Padilla, no se trata de negar la realidad, sino de "no vivir en modo amenazante permanentemente" para evitar que el miedo ocupe todo el espacio mental y poder seguir conectados a nuestro día a día.

El papel amplificador de las redes sociales

Las redes sociales juegan un papel crucial en la amplificación de la ansiedad: "Los algoritmos priorizan lo que genera emoción intensa, y el miedo es una emoción muy potente", explica la experta. Esto crea una "burbuja" informativa basada en contenido alarmista, en la que el peligro parece inminente y constante. El problema no es la información, sino "la sobreexposición sin filtro ni descanso".

Esta situación deriva en un estrés anticipatorio colectivo, una ansiedad basada en lo que podría ocurrir. Padilla afirma que, aunque no es una forma de ansiedad nueva, sí es "más intensa por la hiperconectividad". El miedo, además, es una emoción "profundamente contagiosa" y se expande a través de conversaciones, titulares y mensajes, magnificando la percepción de amenaza.

El miedo es una emoción profundamente contagiosa"

María Padilla

Psicóloga

Cuándo se convierte en un problema

Sentir preocupación ante conflictos internacionales es racional. Sin embargo, se convierte en un problema cuando interfiere de manera significativa en la vida diaria. Padilla enumera señales como el insomnio persistente, los pensamientos intrusivos constantes, la dificultad para concentrarse, la necesidad compulsiva de revisar noticias o una sensación de pánico desproporcionado.

Existen perfiles más vulnerables a esta realidad, como personas con tendencia previa a la ansiedad, necesidad de alto control o con experiencias traumáticas: "También adolescentes y niños pueden verse especialmente afectados, ya que tienen menos mecanismos de defensa y herramientas de regulación emocional", añade la psicóloga.

Finalmente, esta alerta crónica puede conducir a la fatiga. El organismo no puede sostener indefinidamente ese nivel de activación y la sobreproducción de hormonas como el cortisol. Como consecuencia, "aparecen agotamiento emocional, apatía o incluso desconexión como mecanismo de defensa", concluye Padilla.