Ana Belén y Marta, madres ‘profesoras’ que superaron el reto de las clases online

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Ana Belén y Marta son otras dos madres que vivieron el confinamiento en situaciones muy distintas. Ana Belén, propietaria de un comercio, siguió yendo a trabajar porque era de los llamados empleos de “primera necesidad” que podía mantener sus puertas. Marta, sin embargo, teletrabajaba en casa.
Ana Belén, madre de tres niños, “dos de ellos mayores que lo llevaron bastante bien”, y “otro más pequeño de 9 años, “que al principio bien, porque creía que era como una fiesta o vacaciones”. Marta, madre de dos niñas de 13 y 10 años, Aitanay Alicia, a quien el recuerdo de aquellos meses “me remueve porque independientemente de que no fueron días fáciles, se juntan recuerdos que desde mi experiencia fueron bastante agitadores, porque yo teletrabajaba, también tele- estudiaba con mis hijas, telecocinaba, hacía compras…. todo era muy nuevo y me costó coger el ritmo porque vivo sola con mis hijas”.
Coinciden estas madres en la dificultad de las clases online de sus hijos porque “no estábamos acostumbrados a afrontar eso sí y nunca antes se había trabajado con las plataformas online o digitales” cuenta Ana Belén a lo que Marta añade que “el periodo de adaptación al colegio –a las clases online- costó antes de Semana Santa” y recuerdan el “caos” a la hora de utilizar esas plataformas porque “a veces no funcionaban las aplicaciones de los móviles, había que hacer fotos y no sabías si llegaban o no, había que mandarlo todo vía mail, conectarse a las clases… y siempre con preguntas a otros padres, compañeros y profesores”. Una etapa que ambas recuerdan con algo de “agobio” pero de la que también dicen que “aprendimos mucho”.
Aunque poco a poco madres e hijos se fueron adaptando a esta nueva forma de enseñanza, tanto Marta como Ana Belén aseguran “que se echaba mucho de menos el contacto físico, el contacto con los compañeros y profesores”. Es más, en el colegio de la hija mayor de Marta, Aitana, se celebró la primera graduación online de la historia de ese centro.
En casa de Ana Belén se vivieron estos días con cierta tranquilidad y asegura que cuando se podía salir “mi hijo tampoco tenía una obsesión de necesitar salir a la calle” y una vez que ya en el mes de septiembre pudieron volver a sus clases “lo afrontó con toda normalidad y sin presentar ningún cuadro raro de actitud o comportamiento”.
Marta recuerda también los días en los que “también había cosas positivas como aprender a conectar con amigos y familiares a través de las pantallas” aunque reconoce haber vivido en “un tobogán de emociones e incertidumbre”.
A pesar de todo, de nuevo estas dos madres coinciden en que “todo ha sido un aprendizaje que nos ha servido para afrontar las cosas, verlas desde otro punto de vista desde el que nunca lo habíamos visto, y haber estado más tiempo en familia”.



