La injusticia interesada de Naciones Unidas

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El Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas se ha pronunciado de un modo injusto y faltando a la verdad sobre los abusos sexuales y la pedofilia por parte de miembros de la Iglesia. La ONU asegura que el Vaticano no ha reconocido la magnitud de los crímenes cometidos ni tomado las medidas necesarias. Hace unos días el observador del Vaticano ante la ONU precisamente reconoció que esos abusos eran crímenes abominables. La implicación de sacerdotes y personal religioso en los abusos no tiene justificación alguna. Como ha dicho el papa supone que las manos que tienen que traer el bien y el consuelo al mundo han mancillado la inocencia y se hayan convertido en protagonistas de un mal abominable. La Iglesia, consciente de ello desde hace ya muchos años ha confesado en público sus pecados, ha pedido perdón, ha entregado a los responsables a la justicia y trabaja para corregir, en lo posible, el daño causado. Es difícil encontrar otra institución que lo haya hecho con más radicalidad. En otros ámbitos, sin embargo, los protagonistas de esos abusos, porcentualmente mucho más numerosos, siguen teniendo un gran prestigio social. Quizá en esta toma de postura tiene mucho que ver la batalla que se libra en la ONU sobre lo que se llama el derecho a la salud reproductiva. Algunos quieren incluir en este capítulo el aborto como un derecho. Y la Santa Sede no puede dejar de denunciar que eso es inhumano.

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