Madrid - Publicado el - Actualizado
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En las cercanías de días tan señalados en el calendario cristiano como el de Todos los Santos y el de los Difuntos, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado una Instrucción sobre la atención y el cuidado que merece el cuerpo de los difuntos, destinado a la resurrección. Los medios de comunicación destacan el rechazo de la Iglesia a la extendida costumbre de guardar en casa cenizas procedentes de cremaciones, o de esparcirlas o enterrarlas en cualquier algún lugar fuera de los espacios sagrados. Sin embargo este texto va mucho más allá de condenar esa costumbre.La instrucción es una profunda catequesis sobre la verdad central y culminante del anuncio cristiano, sin la cual, como afirmaba San Pablo, vana sería nuestra fe. El documento insiste en recomendar la sepultura del cuerpo de los difuntos porque de ese modo se expresa mejor su fe en la resurrección de la carne, y se pone de relieve la alta dignidad del cuerpo humano como parte integrante de la persona, que ha sido templo del Espíritu Santo.Por otra parte la Iglesia no se opone a la cremación, siempre que no se haga por razones de negación de la fe. Sí aclara el documento que las cenizas del difunto deben mantenerse en un lugar sagrado, y que no se permite su dispersión en el aire, en la tierra o en el agua, para evitar malentendidos panteístas, naturalistas o nihilistas. Se trata de respetar el cuerpo, que está destinado a la resurrección, favoreciendo además la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana.



