Madrid - Publicado el - Actualizado
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El Parlamento Europeo ha instado a la Comisión a que paralice las conversaciones sobre la incorporación de Turquía a la Unión mientras siga la deriva autoritaria del gobierno de Erdogan. Dicha deriva se ha agudizado después de la intentona golpista del pasado mes de julio, que está sirviendo para que Ankara consolide un sistema político que no respeta los derechos fundamentales ni las libertades. En las purgas contra todos aquellos que se han opuesto a este nuevo sistema autoritario hay que destacar la que ha tenido como destinatarios a más de seis mil profesores universitarios que han sido expulsados de sus cátedras.La decidida voluntad europea de paralizar las conversaciones con el gobierno de Erdogan se topa con el hecho de que Turquía es una frontera clave para la inmigración y un agente vehicular de la ayuda a los refugiados. La obligada interlocución con el gobierno turco no debe condicionar las exigencias de libertad y de respeto a los derechos humanos fundamentales. La propuesta de un proyecto de ley que perdone los abusos a menores en determinadas condiciones, ahora frenado, o la aprobación de la pena de muerte por el gobierno de Erdogan, supondrían auténticas líneas rojas. La Unión Europea se ve obligada a buscar un entendimiento razonable con Turquía, pero eso no implica asociarla al proyecto europeo a cualquier precio.



