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Método invertido

Las negociaciones para la investidura durante la última semana muestran claramente que el procedimiento empleado ha sido contrario a lo conveniente 

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Las negociaciones para la investidura durante la última semana muestran claramente que el procedimiento empleado ha sido el contrario al que habría sido conveniente. Después de muchos tiras y aflojas, Sánchez se ha abierto a que entren en el Gobierno ministros de Podemos pero sin perfil político. Concesión que supone una contradicción en sus términos. Pablo Iglesias quiere tener ministros en ese Gobierno para condicionar sus políticas. Es lógico.

Se llega al absurdo de que Sánchez esté dispuesto a ceder puestos en el Gobierno pero con la condición de que no tomen decisiones de calado. Hemos llegado a esta situación porque desde el principio no se ha discutido de un programa de Gobierno. Lo único que ha subrayado Sánchez es la necesidad de que Podemos renuncie a la defensa de un referéndum sobre la secesión de Cataluña. Pero no parece que se haya abordado en profundidad qué tipo de política fiscal adoptaría el nuevo Gobierno, qué medidas se aplicarían para aumentar la productividad, mejorar el sistema de pensiones, reformar el mercado laboral. Tampoco cuál sería la reforma educativa, el nuevo sistema de financiación autonómica y una larga lista de cuestiones pendientes.

Como no se ha negociado a fondo sobre cuestiones sustantivas, el candidato a la investidura tiene miedo de que la entrada de Podemos en su Ejecutivo le escore demasiado a la izquierda y suponga un distanciamiento de lo que recomienda Bruselas.

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