Los pobres en el corazón de la Iglesia

La Jornada Mundial de los Pobres se celebra en Roma entre numerosos signos de cercanía a los desfavorecidos

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La Jornada Mundial de los Pobres se celebra en Roma entre numerosos signos de cercanía a los desfavorecidos. A la comida del Papa con varios de ellos, un concierto en el Vaticano o el centro de salud abierto durante una semana en la plaza de San Pedro, se suman todo tipo de iniciativas por el mundo. Francisco no pretende promover cierta mentalidad asistencialista, felizmente superada. Más bien, quiere resaltar de forma pedagógica que Jesús se identifica con los pobres y oprimidos, llegando incluso a condicionar la salvación del alma con el historial de comportamiento de cada cual hacia estas personas: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo los hicisteis», cita el Pontífice. Ocultar esta identificación de Jesús con los pobres  supondría falsificar el Evangelio.

¿Y quiénes son hoy esos pobres? Nos los encontramos todos los días, afirma Francisco. Las personas migrantes, las víctimas de explotación, los sin techo, los ancianos solos… A veces se los considera «parásitos de la sociedad», los excluidos del sistema, y «no se les perdona ni siquiera su pobreza». Pero la fe, dice el Papa, obliga al cristiano a acercarse a ellos. Para ofrecerles ayuda material y defender sus derechos, pero antes de eso para tratarles con afecto y de manera acorde a una dignidad que nunca han perdido. Para anunciarles el Evangelio y rescatarles de su soledad. Solo así, sentencia Francisco, podrá ser creíble el anuncio de la Iglesia en el mundo.

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