Madrid - Publicado el - Actualizado
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En medio de un clima de violencia social cercana al caos, empieza hoy a debatirse en la Asamblea Nacional francesa la reforma laboral que pretende implantar el Gobierno socialista para afrontar la crisis económica. Desde que François Hollande asumió la presidencia de la República, Francia ha perdido más de seiscientos mil empleos, al tiempo que el crecimiento económico apenas llega a la mitad del registrado en España. No deja de resultar paradójico que la izquierda francesa trate ahora de imitar al centro-derecha español en un terreno tan sensible como el laboral, considerado históricamente patrimonio del socialismo. Pero la realidad es más tozuda que la demagogia.No puede haber crecimiento y generación de empleo si no se dan las condiciones favorables para el desarrollo de las empresas, obligadas a tener unas cuentas equilibradas para no echar el cierre, exactamente igual que deben hacer los propios gobiernos para no caer en la bancarrota. Lo sorprendente es que en España la izquierda pretende, como palanca electoral, la derogación de una ley que ha recuperado parte del empleo perdido durante la anterior legislatura socialista. Otra cosa es que sea necesaria una reforma del sistema económico mundial para que la globalización esté al servicio de las personas. Pero no existe ninguna varita mágica, como la que pretende llevar la izquierda en su mochila electoral, para acabar con el déficit gastando más y obligando a las empresas a cerrar.



