Línea editorial: En la fiesta de la Asunción, la gran esperanza

 

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Celebramos hoy en toda España la solemnidad litúrgica de la Asunción de la Virgen, uno de los más entrañables misterios de la fe cristiana que el pueblo conmemora desde hace siglos y que el Papa Pío XII proclamó como dogma de fe, en 1950. Esta fiesta significa que la Virgen María fue elevada en cuerpo y alma a los Cielos al término de su curso terreno, en virtud de su contribución a la historia de la Salvación como Madre del Redentor, sin conocer la corrupción. En el libro del Apocalipsis, narra San Juan la visión que tuvo de la Mujer “vestida de sol y la Luna a sus pies, coronada con doce estrellas”. La piedad popular y el arte mariano, han representado a la Virgen en este misterio, llevada al Cielo por ángeles como imagen de lo que espera a los fieles cuando dejan la tierra y se dirigen a la Patria definitiva, en palabras de Santo Tomás.

El Papa Francisco ha recordado que el motivo más profundo de la grandeza de María y de su dicha es la fe. Y Ella misma, desde el Cielo, nos dice, que Dios no deja solos nunca a sus hijos a los que socorre con su misericordia, derribando a los poderosos de sus tronos. En definitiva, la fiesta de la Asunción hay que entenderla como el triunfo definitivo María por la fe, esperanzador anticipo de lo que espera a cuantos aman a Dios y siguen a Jesucristo, su Hijo. En nuestro país, que con tantos motivos es conocido como la “Tierra de María”, la Asunción es la patrona de numerosas ciudades y pueblos, celebrada bajo las más diversas advocaciones, desde la Virgen de los Reyes en Sevilla a La Paloma a Madrid, pasando por la de Begoña en Bilbao, del Sagrario en Toledo o el “Misteri” en Elche. Es, sin duda, el día más mariano del calendario litúrgico, el que más devoción suscita entre las gentes sencillas que no han olvidado que María es nuestra gran Mediadora ante su Hijo Jesucristo, nuestra esperanza, nuestra vida, nuestra dulzura, como rezamos en la Salve…

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