Madrid - Publicado el - Actualizado
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El Papa clausura mañana la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que desde hace más de un siglo reafirma por estas fechas a cristianos de todas las confesiones en su anhelo de alcanzar la unidad plena. En virtud del bautismo común, Francisco subrayaba esta semana que «podemos considerarnos realmente hermanos». Son «nuestros pecados» los que impiden esa unidad, advirtió el Papa, lo que equivale a afirmar que las diferencias no se superarán en una especie de negociación política, sino desde la fidelidad a la fe común profesada en el Credo. Los materiales para la Semana de Oración han sido preparados este año desde Letonia. Durante siglos, luteranos, católicos y ortodoxos fueron allí encarnizados enemigos, peones en una lucha de poder en la que la religión fue instrumentalizada por intereses políticos. Hoy, sin embargo, las relaciones entre las distintas confesiones no pueden ser más amistosas y fructíferas. Para ello hizo falta una dolorosa purificación en los tiempos de la dominación soviética, en la que cristianos de todas las confesiones sufrieron una misma persecución que les unió en lo que el Papa a menudo llama un «ecumenismo de sangre». Los cristianos ofrecieron después una aportación decisiva para que se lograra la independencia pacífica de Letonia y hoy siguen constituyendo un referente moral en los grandes debates que afronta el país. Queda todavía mucho camino que recorrer, pero la experiencia de estos años en el país báltico permite afrontar el futuro con mayor esperanza.



