Madrid - Publicado el - Actualizado
1 min lectura
Mientras Nicolás Maduro se enroca buscando mecanismos para desactivar la Asamblea Nacional, elegida democráticamente, el pueblo venezolano se encuentra en una crisis sanitaria sin precedentes. Ha sido el propio parlamento quien ha dado la voz de alarma ante la escasez de medicamentos, equipos médicos y el permanente riesgo grave para la salud de la población. Esta crisis médica es anticipo de una crisis humanitaria por falta de comida y de los bienes más básicos para la subsistencia, en un país con incuestionables recursos naturales y potencial humano y social. Venezuela ha sido considerada el país más corrupto de América Latina según la ONG Transparencia Internacional, y es víctima de una extrema situación política y social agravada por la política de Maduro y su empeño de activar oscuros mecanismos de control y represión en los últimos días. A estas alturas de la historia, el régimen chavista es incapaz de garantizar las condiciones elementales de una vida digna, el acceso a los medicamentos básicos, así como prevenir las epidemias. El caos se ve agravado por altas tasas de criminalidad y la incapacidad de hacer frente a los problemas reales de una economía tocada por la caída de los precios del petróleo y el intervencionismo estatal



