LÍNEA EDITORIAL
Bárbaros en los museos
El ataque a lo bello y a lo que otros veneran no puede ser más simbólico y retratar mejor a quienes no reparan en medios para conseguir sus fines

Bárbaros en los museos
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Con la rebeldía posmoderna que necesita del foco de los medios y se camufla bajo el eufemístico nombre de “activismo”, se está poniendo de moda dar la nota en los museos y arrojar pinturas o purés contra famosas obras de arte. La peligrosidad de la bárbara costumbre no reside solo en el enorme daño que puede infligir al patrimonio común, sino en el mismo hecho de cometer un atentado de esas características. En las últimas semanas han tenido lugar episodios lamentables. Primero fue un ataque contra un cuadro de Picasso en Melbourne, después atacaron “Los girasoles” de Van Gogh con sopa de tomate, ahora otro grupo de descerebrados ha arrojado puré contra un cuadro de Monet en Alemania.
La lista de quienes entienden que la protesta debe ir de la mano de actos vandálicos es, por desgracia, bastante larga. El ataque a lo bello y a lo que otros veneran no puede ser más simbólico y retratar mejor a quienes no reparan en medios para conseguir sus fines. Parece evidente que la intención primera no es dañar los cuadros, porque están protegidos con un cristal, pero no debemos ni reírles la gracia, ni contribuir, más de lo que la prudencia informativa exige, a dar pábulo a estos episodios que buscan, por encima de todo, llamar la atención, y confunden la legítima reivindicación sobre el cambio climático o sobre lo que consideren oportuno, con ataques intolerables que, además, pueden provocar en otros un efecto de imitación que sea aún más dañino.



