Tercera cumbre coreana para desatascar el desarme nuclear de Kim Jong-un

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, viaja a Pyongyang de lunes a jueves 

Tercera cumbre coreana para desatascar el desarme nuclear de Kim Jong-un

 

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Por tercera vez este año, el caudillo de Corea del Norte, Kim Jong-un, y el presidente del Sur, Moon Jae-in, se volverán a reunir esta semana tras sus cumbres de abril y mayo. Otro hito para los libros de la Historia porque el padre del actual dictador, el “Querido Líder” Kim Jong-un, solo se vio durante sus 17 años en el poder con dos dirigentes surcoreanos, Kim Dae-jung en 2000 y Roh Moo-hyun en 2007.

Al igual que hicieron ambos, Moon Jae-in viajará esta vez a Pyongyang, ya que sus anteriores encuentros con Kim Jong-un fueron en la frontera del Paralelo 38 que divide a sus países. Entre el martes y el jueves, ambos protagonizarán una nueva cumbre intercoreana para seguir con la distensión iniciada por el régimen comunista aprovechando los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en febrero en el Sur.

Tras largos años de tensión militar, dicho deshielo hizo posible la histórica cumbre que tuvo lugar en junio en Singapur, donde Kim Jong-un se reunió con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Por primera vez se veían cara a cara y estrechaban sus manos los mandatarios de dos naciones que llevan enfrentadas desde la Guerra de Corea, que acabó en 1953 solo con un armisticio, no con un tratado de paz. Intentando acabar con este conflicto, el último que perdura de la Guerra Fría, ambos se comprometieron a mejorar sus relaciones y acordaron la desnuclearización de la Península de Corea.

A pesar de sus mutuos gestos de buena voluntad, como la clausura del silo de ensayos nucleares norcoreano y la suspensión de las maniobras militares conjuntas de EE.UU. y el Sur, dicho proceso parece encontrarse en punto muerto. Alegando falta de progresos, así lo demuestra la drástica decisión de Trump de cancelar el viaje que su secretario de Estado, Mike Pompeo, tenía previsto efectuar a Pyongyang a finales de agosto.

Una opinión que, por supuesto, no comparte Kim Jong-un, quien el pasado domingo rebajó el tono militar del desfile que celebraba en Pyongyang el 70 aniversario de la fundación del país. Al contrario que otras veces, el régimen no lució sus misiles intercontinentales, en teoría capaces de golpear suelo estadounidense, ni hizo alarde de su capacidad nuclear. El único discurso, que además no lo dio Kim Jong-un, sino el jefe de Estado ceremonial, Kim Yong-nam, se centró en la economía y en él se echaron de menos las amenazas apocalípticas propias de estos grandes fastos.

Con ese gesto de buena voluntad y la “afectuosa” carta que Kim Jong-un ha enviado a Trump pidiéndole una segunda cumbre, el presidente surcoreano llega a Pyongyang para desatascar el proceso. Tras las recientes imágenes por satélite mostrando la mejora y ampliación de sus instalaciones nucleares, la Casa Blanca sospecha que Corea del Norte sigue adelante con su programa atómico. Por ese motivo, le exige pasos concretos y verificables antes de levantar las sanciones que asfixian al régimen, pero Kim Jong-un pide reciprocidad y un proceso por fases para que EE.UU. vaya levantando el bloque económico a su país y, con el tiempo, reduzca su presencia militar en la zona.

Al igual que hizo antes con su carrera armamentística, el joven dictador usa su desarme nuclear para negociar y blindarse en el poder, ya que se calcula que podría producir entre 30 y 60 bombas atómicas. Según informa el periódico “Korea Herald”, un estudio de la Universidad de Stanford calcula que su desarme nuclear podría durar diez años o más. Su coste: 20.000 millones de dólares (17.000 millones de euros), a tenor de otro estudio de la Universidad de Kookmin. De ellos, habría que destinar directamente 5.000 millones de dólares (4.300 millones de euros) para desensamblar las cabezas nucleares y desmantelar sus centros de producción, donde trabajan 3.000 personas. Tomando como guía la reunificación alemana, otro análisis de la consultora londinense Eurizon SLJ Capital estima que alcanzar la paz en Corea costaría dos billones de dólares (1,7 billones de euros), informa Bloomberg.

La pregunta es quién lo pagaría. Teniendo en cuenta la precaria situación que sufre su país, con diez de los 25 millones de norcoreanos necesitando ayuda humanitaria y un 20 por ciento de los niños desnutridos, parece difícil que Kim Jong-un pueda hacerlo.

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