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La historia de Giuseppe Ippoliti, el militar italiano que salvó del exterminio a dos hermanas judías en 1943

Ha recibido el galardón de "Justo de las naciones", la máxima distinción que otorga Israel a los no judíos que arriesgaron sus vidas para salvar judíos durante el Holocausto

La historia de Giuseppe Ippoliti, el militar italiano que salvó del exterminio a dos hermanas judías en 1943
@evaenlaradio

Corresponsal de COPE en El Vaticano

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 12:48

Giuseppe Ippoliti era carabiniere de la armada italiana. Junto a su mujer Teresa Zani salvaron la vida de las dos hermanas Fischhof. El único protagonista de esta historia extraordinaria que permanece con vida es Edith Fischhof, que a sus 98 años disfruta de una salud de hierro. Ha sido ella la que gracias a su tenacidad y empeño ha conseguido que la historia reconozca el heroísmo de este militar: “Peppino y Teresa pusieron en riesgo su vida sin pedir nada a cambio. Nos escondieron durante un año entero asegurando que éramos sus sobrinas, desplazadas de Viterbo tras los bombardeos”.

Durante el frío invierno de 1943 y hasta 1944 estas dos hermanas hebreas Edith e Trude, consiguieron huir de las redadas de los nazis escondiéndose en Pontevico junto a sus falsos tíos. Los primeros meses estuvieron en su propia casa y cuando se fue estrechando el cerco consiguieron que las escondieran unas religiosas. Por esta actuación han sido dignos de obtener el galardón de “Justo de las Naciones”

Peppino, que era el apodo con el que todos conocían familiarmente a Giuseppe Ippoliti murió en el año 1974, y su mujer Teresa en 1990. No tuvieron hijos. En cuanto terminó la guerra Edith Fischhof huyó de Italia junto a su hermana y sus padres, que habían conseguido refugio en Suiza. Fue tal el horror que sufrió su familia, que ella intentó olvidar este episodio durante muchos años hasta que un día soñó con Peppino, quien tan solo le preguntaba si se encontraba bien. A la mañana siguiente se dio cuenta de que ella no le había dado jamás las gracias a pesar de que había arriesgado la vida por dos chicas que apenas conocía, por lo que decidió reparar y comenzó a recoger toda la información necesaria para que Israel le otorgara este reconocimiento.

Hagamos historia

En 1942, durante su último mandato como comandante de la estación de Casazza en Bérgamo, Peppino conoció a la familia judía Fischhof que acababa de conseguir salir del campo de concentración más grande de Italia, donde habían sido recluidos justo al inicio de las persecuciones contra los judíos previas a la guerra. Gracias a la mediación del Vaticano obtuvieron un salvoconducto para salir del campo en régimen de "internación libre" (lugares de residencia obligada para los internos, que podían reunirse con el núcleo familiar).

De esta forma nació una amistad sincera entre ambas familias. Pero la situación se fue volviendo complicada para los judíos y las familias tuvieron que tomar caminos diferentes. El día en el que se despidieron el militar italiano entregó al jefe de la familia, Richard, un papel con la dirección donde se mudaría con su esposa poco después. En este escrito les decía: "Lo que se les hizo fue una terrible injusticia. Son una hermosa familia y estoy dispuesto a ayudarte ... si estás en peligro siempre puedes dirigirte a mí, haré todo lo posible para ayudarte".

En el invierno de 1943, con el incremento de las redadas, la familia Fischhof se vio obligada a separarse: los padres encontraron refugio en Suiza y como ellas hablaban perfecto italiano, recordando la promesa hecha por el militar, se presentaron en la casa de los Ippoliti y llamaron a la puerta. Nada más abrirles la puerta Peppinno gritó para que los vecinos le oyeran: ¡Qué alegría recibir a mis sobrinas que vienen de Viterbo!

Meses después de llegar a su casa, las SS llegaron a la localidad, y con ellas un oficial nazi austriaco que había sido novio de Edith durante su adolescencia en Austria. La cobertura de las chicas corría peligro, por lo que acudieron a refugiarse a un convento, cuyas religiosas eran amigas del matrimonio, la congregación de Angeline. Al finalizar la guerra, como ya sabemos, las dos hermanas abandonaron Italia para reencontrarse con sus padres.

La entrega del galardón "Justo de las naciones"

Ese gesto heroico fue recordado a principios de octubre en una ceremonia en la que el embajador de Israel en Roma, Dror Eydar, junto al prefecto de Latina, Maurizio Falco, y el comandante provincial de los Carabineros, Lorenzo D'Aloia, entregaron la distinción "Justo entre las Naciones" al profesor Paolo Ippoliti, bisnieto de la pareja, el único pariente cercano, bisnieto del hermano de Peppino. El momento más conmovedor fue cuando Edith Fischhof, junto con Paolo Ippoliti, se refirió a aquellos días dramáticos que marcaron su vida y la de su hermana Trude, vicisitudes que volcó en un libro titulado "Viviré libre en la Tierra prometida".

No es fácil conseguir que a una persona se le otorgue la distinción "Justo de las naciones". Cuando el nombre de un salvador es propuesto para recibir el reconocimiento, el comité investiga minuciosamente las pruebas recogidas e intenta asegurarse de cuáles fueron sus motivaciones. El sobreviviente o grupo de sobrevivientes involucrados debe dar testimonio sobre su actuación, y el comité recoge documentación proporcionada por instituciones históricas europeas.

Sólo una actuación excepcional adjudica a un individuo el título oficial de «Justos de las Naciones». Por ello, el comité trata de determinar las motivaciones que tuvo el candidato para salvar judíos, y formula preguntas tales como: ¿Recibió dinero por ello? ¿Qué clase de riesgos y peligros enfrentó? ¿Sus motivaciones incluían la amistad, las creencias religiosas, etc.? En general, para ser acreedor de la distinción, la persona tuvo que haber arriesgado su vida, su seguridad o su libertad personal para salvar a un judío de la deportación, sin solicitar dinero a cambio.

En muchos casos, quienes salvaron vidas judías durante el Holocausto eran ciudadanos comunes que eligieron, con todo lo que ello implicaba, ocultar a uno o más judíos en sus casas. A menudo, el salvador construía un búnker para el judío, quien permanecía allí durante semanas, meses o años, sin ver prácticamente la luz del sol. La comida era muy escasa durante la guerra, y el salvador compartía su escaso pan con los judíos que ocultaba de los nazis.

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