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Sánchez "purga" su gran bandera con la que alcanzó el liderazgo

Susana Díaz fuerza a Ferraz a intervenir la propuesta de listas de Andalucía para el 28-A

Sánchez purga su gran bandera con la que alcanzó el liderazgo

 

Ricardo Rodríguez
@rrodriguezmaeso

Redactor Política Informativos COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 08:24

A Pedro Sánchez lo auparon las bases a la Secretaría General y una de sus grandes banderas frente a Susana Díaz en su batalla interna fue darles más poderes. Había que elegir, tal y como planteó Sánchez la campaña de primarias, entre un modelo de partido en manos de las “élites”, de Díaz y del grueso de las baronías, con todo el poder de decisión o uno horizontal, a través del empoderamiento del afiliado de a pie. “Vamos a construir el PSOE de la militancia”, blandió. Y en el reglamento de Estatutos que vio la luz incluyó a los militantes en el proceso de confección de las listas a las Cortes y los parlamentos europeo y autonómicos.

“Hemos puesto el listón muy alto” presumía entonces Ferraz que, como hasta entonces, se reservaba la prerrogativa de retocar las candidaturas. Y precisamente, de esa facultad deberá tirar Pedro Sánchez. Primero, este viernes, día 15, la Comisión Federal de Listas corregirá a las direcciones provinciales del socialismo andaluz que al final, por exigencia de Sánchez tendrán como carteles electorales a ministros o miembros de la Ejecutiva Federal, pero que han mantenido en puestos de salida a afines susanistas. 48 horas después, el 17, el Comité Federal – dominado por sanchistas – dará luz verde a las listas oficiales para el Congreso y el Senado.

Las bases, las del PSOE-A, hablaron pero Ferraz hubo de encender las luces rojas tras ver que las agrupaciones locales rechazaban dar acomodo en puestos de salida ni a la titular de Hacienda, María Jesús Montero; ni al de Agricultura, Luis Planas; ni al de Interior, Fernando Grande-Marlaska; ni al de Cultura, José Guirao. Ni los miembros del Gobierno ni ninguno de los andaluces de la Ejecutiva Federal, como Alfonso Rodríguez Gómez de Celis o Francisco Salazar. Todos ellos quedaban relegados a puestos lejanos. En román paladino, un varapalo en toda regla de Susana Díaz a Pedro Sánchez, situado en la tesitura de enmendar a la militancia.

Tras intensas negociaciones, Díaz aceptaba la voluntad de Sánchez de situar a los ministros y altos cargos sanchistas en los puestos de salida, con permutas entre el Congreso y el Senado, no obstante el pulso sigue en Sevilla. María Jesús Montero va de “número uno”, pero el PSOE-A lleva de “dos” a Antonio Pradas, leal susanista, gran ejecutor de las ordenes para defenestrar al líder en el “tumultuoso” Comité Federal, rememorado por Pedro Sánchez como “terriblemente traumático”, y forzar la llegada de una gestora tras el 1 de octubre de 2016. Esa lista posterga además al “número cuatro” a Rodríguez Gómez de Celis y, por ahora, deja fuera a Salazar. En ningún caso quedará de esa manera. 

Con las candidaturas plagadas de afines al susanismo, está servida la intervención esta semana de Ferraz que viene avisando de todas las maneras posibles de la determinación de Sánchez de tener un Grupo Socialista a su medida en el Congreso de los Diputados y donde aspira a contar con más de los 20 escaños actuales de los 61 que proporciona Andalucía. Para ello, claro, deberá enmendar su gran bandera con la que alcanzó la Secretaría General del PSOE.

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