El calendario de Pedro Sánchez confluye en el “superdomingo” electoral de mayo

El presidente del Gobierno tiene casi imposible llegar en pie más allá de mayo. Tras Andalucía, aspira a rentabilizar un “consorcio de derechas"

Pedro Sánchez durante su reunión con el presidente de Melilla

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, durante la reunión que mantiene con el presidente de Melilla ZIPI EFE

@rrodriguezmaeso

Redactor Política Informativos COPE

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 07 dic 2018

Pedro Sánchez se resistió a despejar la gran incógnita que gravita ya de manera inevitable en la vida política nacional: la fecha de las generales. En conversación informal con los periodistas en el Congreso de los Diputados con motivo del 40 aniversario de la Constitución, el presidente del Gobierno descartó marzo, pero, en cambio, dejó abierta la puerta al “superdomingo, una convocatoria a las urnas sin precedentes en nuestra historia democrática de generales con municipales, autonómicas y europeas. Veremos”, se limitó a decir sin complejos Sánchez.

Cálculos de personas cercanas a Pedro Sánchez empiezan a enredarse con la apuesta por el 26 de mayo de 2019. Tanto desde el Ejecutivo como desde el PSOE alimentan el rumor, según ha podido constatar la Cadena COPE. Una posibilidad de coincidencia en las urnas que espanta a los barones socialistas. Está por ver que su desasosiego cale en un presidente del Gobierno decidido ahora mismo a presentar a mediados de enero los Presupuestos Generales del Estado.

Sánchez ha justificado su giro de 180 grados en el interés de mandar un mensaje de estabilidad a Bruselas, a los organismos internacionales, pero también a agentes sociales y económicos. Sólo a partir de la presentación del proyecto de cuentas públicas, el Ejecutivo moverá el tablero de la negociación con los independentistas. “Nunca antes”, sostuvo el Presidente. Y a partir de entonces, a sus ojos, podrán interpretarse los gestos de unos y de otros.

La clave llegará en el debate de las enmiendas de totalidad que Pedro Sánchez contempló para marzo. La posición entonces del PDeCAT y de ERC, imprescindibles para evitar que salga adelante una enmienda. Sin aventurar las posibilidades de sacar adelante su proyecto, a Sánchez parece obsesionarle obtener en ese trance la abstención del PDeCAT. Lo contrario, supondría la devolución de los Presupuestos al Gobierno. Y, a todas luces, el fin de la Legislatura. A lomos de una votación en contra de los independentistas, el Presidente podría emprender una campaña sin el lastre de unos socios incómodos para el votante tradicional del PSOE.

En lo inmediato, y a pesar de abogar por jugar el partido hasta el último minuto – “yo mismo soy un ejemplo” de ello -, el futuro de Andalucía se dibuja sentenciado para Pedro Sánchez, con lo que definió como un “consorcio de derechas desalojando de la Junta a Susana DíazCon ella, precisamente, se verá en los próximos días. Una cita a la que la todavía presidenta pretende llegar al grito de “resistir es vencer” para, a pesar de las maniobras del propio jefe del Ejecutivo en su contra, tratar de mantenerse al frente del socialismo andaluz.

Pedro Sánchez cree que, de manejar bien el nuevo contexto, puede acabar beneficiándose de “un espacio para la moderación” frente a PP C's arrastrados a la radicalidad por VOX. En otras palabras, hacer suyo un hueco de centro que aspiraría a atesorar en nombre del PSOE.

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