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Historias anónimas del 23-F: así lo vivieron Alberto, que hacía la mili y Luis, soldado de permiso

COPE acerca en este 40 aniversario alguna de las historias más emotivas que se vivieron aquel día

El 23-F, 40 años después: ¿qué fue de los protagonistas del intento de golpe de estado?
Juan Andrés Rubert
@juananrubert

Redactor COPE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 08:09

Parece que fue ayer, pero han transcurrido cuatro largas décadas en las que España ha cambiado y mucho. Este martes se cumplen 40 años del intento de golpe de Estado, el 23 de febrero de 1981. Se está hablando largo y tendido en los últimos días de esta efeméride redonda, también recordando, ya que es uno de los acontecimientos históricos más destacados de nuestra democracia, por aquella época muy joven, aún en pañales.

Las imágenes, los relatos y los testimonios son innumerables. Pero ¿qué ha sido de los principales protagonistas del intento de golpe de estado? Hay tres nombres fundamentales.

Antonio Tejero

Fue la cara más reconocible del 23-F. Con su entrada, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados, es la imagen más representativa de aquel día. El que fuera teniente coronel de la Guardia Civil fue condenado en 1983 a 30 años de cárcel por su participación en la intentona.

El 23-F, 40 años después: ¿qué fue de los protagonistas del intento de golpe de estado?

También fue expulsado del cuerpo e inhabilitado. Encarcelado hasta el año 1996, salió en libertad condicional. Tiene 88 años, vive en Torre del Mar (Málaga) y apenas ha realizado declaraciones y apariciones públicas desde entonces.

Jaime Milans del Bosch

Capitán general de la III región militar y con un amplio historial en el ejército desde la Guerra Civil española. Fue el único mando que se unió de forma abierta a la sublevación. Sacó los tanques por las calles de Valencia y decretó el estado de excepción a través de un bando militar. Dicha acción quedó en una mera escenificación tras el mensaje clave televisado del rey Juan Carlos I.

Fue condenado a 30 años y expulsado del Ejército. En 1991 fue puesto en libertad y se trasladó a Madrid. Vivió en la capital de España hasta su fallecimiento en 1997 por un tumor cerebral. Está enterrado en el Alcázar de Toledo, donde participó en su asedio durante la Guerra Civil.

Alfonso Armada

Formó a Juan Carlos I en la Academia General Militar y ocupó el cargo de secretario general de la Casa del Rey tras la muerte de Franco, del que fue relevado en 1977. Mantuvo buena relación con el Rey emérito. Su papel fue un tanto ambiguo durante el 23-F, llegó a señalar que actuaba en nombre del monarca. Se habló de reuniones con políticos de distintas ideologías para sacar adelante un gobierno llamado de concentración nacional. Su encuentro con Tejero en el Congreso precipitó el fin de la intentona golpista.

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El Tribunal Supremo le condenó en 1983 a 30 años de prisión y perdió su empleo. Sin embargo, en 1988 fue indultado por razones de salud y por haber acatado la Constitución española. Muchos años después llegó a mostrarse satisfecho por su función durante el 23-F. Su frase, a día de hoy, todavía sigue siendo contundente y escueta a la vez: "Informé, obedecí y resolví". Murió en 2013 con 93 años.

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Historias anónimas de una fecha histórica

Más allá de los grandes nombres de ese día, fueron unas horas en las que todo aquel ciudadano que estaba en España por aquel entonces ––también en otros lugares del mundo–– no olvidaría jamás. Siempre se han contado anécdotas, historias, curiosidades, imágenes que se quedaron en la retina de millones de personas. Pero ¿qué hay de los que lo vivieron “desde dentro” en el mundo militar? Con apenas 18 años, Alberto Moreno vivió una jornada de puro miedo en el cuartel de Ingenieros de Salamanca, donde hizo el servicio militar como voluntario. Las primeras horas de aquella fecha fueron de verdadera incertidumbre, ya que los mandos militares les cortaron cualquier vía de comunicación. No podían usar el teléfono y les prohibieron de forma tajante encender las radios, con la amenaza de que dormirían en el calabozo.

Apenas se enteraban de lo que estaba pasando, pero ciertos rumores hacían presagiar lo que podía ocurrir más allá de las verjas del cuartel. Les mandaron salir al patio de armas a formar. Pensaron en una especia de guerra de Estado e incluso peor. Los peores momentos se vivieron cuando llegó la noche, cuando el ‘turuta’ tocó la ‘generala’. Les mandaron directos al polvorín del cuartel y durmieron con las trinchas puestas y los fusiles al lado de la cama.

Al día siguiente, las calles de la capital salmantina se desbordaron de manifestantes. Les llegaron a comentar que no podía pasar absolutamente nadie, incluso que disparasen si era menester. Les llegaron a calificar de terroristas. A Alberto no le quedó más remedio que aguantar todo lo que les decían, sin saber muy bien lo que estaba ocurriendo. Y así estuvieron tres días recluidos. Hasta que no volvió a Palencia una semana después de lo sucedido, no fue consciente de la magnitud del suceso, que pasaría a los anales de la historia de España.

Por otro lado, Luis Carmelo Rincón había jurado bandera en el Centro de Instrucción de Reclutas de Las Baleares, situado en Mallorca. Fue justo un día antes del 23-F y había pasado de recluta a soldado cuando tuvo lugar el intento de golpe de Estado. Le pilló de permiso en Valladolid. Vivió la situación con cierto temor porque en ese momento era militar y temió que le llamaran o que tuviera que volver al cuartel de inmediato.

Como a la gran mayoría de los españoles durante aquellas intensas horas, a Luis, que ya conocía su destino final ––el Regimiento Santiago del Ejército de Tierra, situado en Mahón (Menorca)––, le llegaron noticias de maniobras militares en Valencia, pero no sabía mucho más por la falta de información. Lo que más le preocupaba era que le militarizaran, como pasó en Valladolid, de donde es él. Allí llamaron a algunos para que se incorporaran a los cuarteles. Por fortuna, a Luis, que por aquel entonces tenía 25 años, no le ocurrió nada de eso. Cosas del destino y sus designios. Compaginaba los estudios de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid con un trabajo y no le pasó nada de eso. Disfrutó de su permiso y se volvió a Mahón. Fue una experiencia muy fugaz, con mucha tensión por lo que acontecía, pero sin tener que lamentar ninguna mala experiencia.

Los testimonios de aquel lejano 23-F todavía resuenan 40 años después. El impacto de las imágenes y de las voces de aquellas horas de infarto, que tenían a España en disciplinario vilo, son un recuerdo que aún perdura en la memoria de todos aquellos que lo vivieron.

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