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Tres años después, la violencia yihadista no remite en el norte de Mozambique

Europa Press

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 15:16

La filial de Estado Islámico lleva a cabo ataques casi a diario en Cabo Delgado, donde ya se cuentan más de 300.000 desplazados

Cuando a principios de octubre de 2017 supuestos yihadistas a los que popularmente se bautizó como 'Al Shabaab' atacaron la localidad de Mocimboa da Praia, en el norte de Mozambique, pocos pensaron que la insurgencia que entonces veía la luz se convertiría a día de hoy en un importante foco terrorista en el que Estado Islámico en África Central (ISCA) es el actor principal y en el que el Gobierno mozambiqueño no consigue inclinar la balanza a su favor.

Desde aquel primer ataque del que hace ahora tres años, la provincia de Cabo Delgado ha sido escenario de atentados, asaltos, secuestros y decapitaciones, entre otros abusos, con cada vez mayor frecuencia, y estos no han hecho sino recrudecerse desde el pasado mes de marzo, con ISCA reivindicando casi a diario acciones de diversa índole.

Los yihadistas han atacado en varias ocasiones Mocimboa da Praía, donde siguen presentes desde agosto, así como otras capitales de distrito con las acciones centradas últimamente en Macomia. En lo que va de año, según el proyecto ACLED que hace seguimiento de la violencia en el mundo, ha habido 524 incidentes violentos --374 de ellos contra población civil-- y 1.599 víctimas mortales.

Según resalta Amnistía Internacional, los ataques se incrementaron en un 300 por ciento en los primeros cuatro meses del año --antes de la pandemia-- en comparación con 2019, y dejan en estos tres años más de 2.000 civiles muertos. Además, la violencia ha provocado una grave crisis humanitaria, con más de 300.000 desplazados internos y 712.000 personas necesitadas de asistencia, incluidas 350.000 que se enfrentan a inseguridad alimentaria, según datos de la ONU.

ISCA, que comenzó a reivindicar acciones en esta zona de Mozambique a partir de junio de 2019, "es responsable de un sufrimiento incalculable en Cabo Delgado", denuncia el director para África Oriental y del Sur de Amnistía, Deprose Muchena. "Han reducido las viviendas de la gente a cenizas en ataques incendiarios coordinados, han asesinado y decapitado a civiles, saqueado comida y propiedades y forzado a cientos de miles a huir de sus casas", lamenta.

DETERIORO DE LA SITUACIÓN HUMANITARIA

La situación humanitaria no ha hecho sino agravarse en los últimos meses, ya que a la violencia y la falta de infraestructuras en una región que es una de las más pobres y desfavorecidas del país, se ha sumado la pandemia de coronavirus, que ha impactado con particular virulencia en Cabo Delgado.

Todo ello ha dejado a la población "sin acceso a comida y sus medios de vida", lamentaba recientemente la representante del PMA en Mozambique, Antonella D'Aprile. La agencia de la ONU sigue con preocupación la evolución de la situación toda vez que el número de personas que tienen problemas para garantizar su sustento sigue aumentando y la mitad de los menores de 5 años presentan desnutrición crónica.

La situación en Cabo Delgado, una región rica en recursos minerales y que alberga importantes yacimientos de gas natural, presentaba ya antes de 2017 algunos de los factores que en otros puntos del continente han demostrado ser claves para la proliferación de grupos yihadistas, principalmente en el lago Chad y también en el Sahel.

La población local, mayoritariamente musulmana, se ha sentido abandonada por el Gobierno central en Maputo y no ha visto como los beneficios de los recursos naturales que albergan sus tierras han revertido en sus habitantes. Esto ha generado el caldo de cultivo perfecto para que imanes radicales hayan hecho calar su mensaje y a la postre los yihadistas hayan engrosado sus filas.

FALLIDA RESPUESTA DEL GOBIERNO

El Gobierno de Filipe Nyusi optó durante mucho tiempo por negar la realidad, apuntando a simples actos de bandidaje, lo que a su vez hizo que la respuesta ante la incipiente amenaza no fuera la adecuada. Además, se intentó imponer el mensaje de que todo era resultado de una conspiración exterior, sin tener en cuenta los factores locales que facilitaban la proliferación de los ataques.

Finalmente, hace unos meses, tuvo que reconocer lo evidente, que Estado Islámico estaba operando en su territorio, y endurecer su respuesta militar, matando a decenas de supuestos milicianos, pero aún así en repetidas ocasiones Nyusi ha vuelto a insistir en que Mozambique es víctima de una "agresión extranjera".

Sin embargo, según advierten Salvador Forquilha y Joao Pereira en un reciente artículo para el Instituto de Estudios Sociales y Económicos (IESE) de Mozambique, "el desarrollo de la insurgencia en Cabo Delgado se ha visto alimentado considerablemente por factores internos, cristalizados en múltiples divisiones locales".

"Negar esto sería peligroso para la respuesta del Estado a este conflicto", añaden los autores, que consideran un "error" pensar que 'Al Shabaab', como se conoce popularmente a los yihadistas en la región y que nada tiene que ver con el grupo del mismo nombre que opera en Somalia, "es una creación de Estado Islámico" puesto que "los orígenes del grupo son locales" si bien "en un momento dado buscaron una conexión con el terrorismo mundial prometiendo lealtad".

LÍDERES LOCALES

Precisamente, en las últimas semanas se ha conocido la identidad de dos destacados líderes del grupo, después de que en estos tres años su liderazgo hubiera carecido de rostro. Uno de ellos es Abdala Likongo o 'Fantasma de la selva' quien, según Centro de Periodismo Investigativo (CIJ) mozambiqueño, nació en Mocimboa da Praía y que simuló su propia muerte. Likongo fue brevemente detenido tras el primer ataque en su ciudad natal en 2017 y habría recibido presuntamente entrenamiento en República Democrática del Congo (RDC).

En cuanto al segundo, Bonomade Machude Omar, alias 'Ibn Omar', aparece en un vídeo viral de marzo y nació en el distrito de Palma, aunque pasó parte de su infancia en Mocimboa da Praia. Según el CIJ, es uno de los cerebros detrás de los ataques de los yihadistas, definiendo los objetivos y la logística necesaria para efectuarlos. Popularmente conocido como 'El rey de la selva', habría realizado estudios islámicos en otros países.

ABUSOS DE LAS FUERZAS MOZAMBIQUEÑAS

Por otra parte, y para complicar aún más la situación, en las últimas semanas se han sucedido las acusaciones de abusos por parte de las fuerzas de seguridad en su lucha antiterrorista, en la que el Gobierno mozambiqueño cuenta con el apoyo de mercenarios de la firma sudafricana Dyck Group.

"Hay pruebas de que las fuerzas de seguridad también han cometido crímenes bajo el Derecho Internacional y violaciones de los Derechos Humanos, incluidas desapariciones forzosas, torturas y ejecuciones extrajudiciales", subraya el director regional de Amnistía, cuya organización presentó hace unas semanas un informe denunciando estos hechos.

"Estos crímenes vienen a sumarse al hecho de que las autoridades mozambiqueñas no permiten que periodistas locales e internacionales e investigadores documenten esta situación sin repercusiones", lamenta Muchena.

Así las cosas, Amnistía pide el "cese inmediato" de las violaciones contra la población civil. "Las autoridades mozambiqueñas deben garantizar que ningún presunto autor, incluidas las fuerzas de seguridad, no es castigado", defiende el responsable de la ONG, que sostiene que "deben empezar por lanzar una investigación independiente e imparcial de estos graves abusos y, si hay pruebas suficientemente admisibles, procesarles en juicios justos ante tribunales civiles ordinarios".

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