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Surrealismo en el Supremo: "¿Una patada en los testículos es violencia?"

Los peritos de Hacienda ratificaron esta semana en el Supremo las tesis de la Fiscalía sobre la malversación

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Patricia Rosety
@patriciarosety

Jefa de Tribunales

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 25 may 2019

Nos encaminamos al final del juicio y lo vamos a echar de menos. Esta semana hemos acabado con la fase testifical, tras 422 testigos, y la pericial, que fue bastante surrealista, por cierto. Los testigos, que eran de las defensas, exculparon a los acusados que les propusieron para declarar. Lo lógico. La fase pericial es más espesa, todo es muy técnico. Hubo momentos densos, por no decir pesados, aunque otros fueron cómicos.

Los peritos de Hacienda, cuatro abogadas del Estado, ratificaron las tesis de la Fiscalía sobre la malversación. Y el hecho de que comparecieran a la vez molestó a los abogados defensores que presentaron la habitual protesta. Las cuatro expertas explicaron al detalle los exámenes y estudios que hicieron y echaron por tierra los argumentos de los acusados, que nunca se pagó nada con dinero público. Las funcionarias, explicaron que es irrelevante que se pagaran o no los encargos porque el perjuicio económico se genera desde el momento en el que hay un compromiso de pago. Implica obligación del gasto público. Y eso se cumplió en diferentes aspectos. Lo cifraron en 917.000 euros, sin IVA.

Después llegó el caso de dos peritos a propuesta de Jordi Cuixart, dos profesores de Sociología y expertos en conflictos políticos y resistencia pasiva. Explicaron qué era desobediencia civil y dieron hasta tres categorías de acción no violenta. Y el 1-O fue un ejemplo de “no colaboración no violenta”. Las agresiones puntuales de ciudadanos a agentes fueron fruto de una “falta de disciplina no violenta”. Y al final, reconocieron que “a los votantes les faltó experiencia”. Surrealista.

Pero hubo más, dentro del surrealismo. Fue la pericial y contraperical. Casi un careo entre peritos. O sin casi. Dos peritos a propuesta de la Fiscalía y otros dos de la defensa de Dolors Bassa. Se trataba de valorar el uso de los inmuebles como centros de votación. Discrepancias continuas, una tras otra. Los peritos de la defensa se amparaban en que un edificio público no estaba en el mercado inmobiliario y no hay posibilidad de alquiler. Para los de la Fiscalía son inmuebles singulares y requieren una metodología especial, con un cálculo razonable.

Luego llegaron los partes médicos de lesiones de agentes de Policía y Guardia Civil. Los dos peritos analizaron más de cien casos pero sólo tenían informes médicos de sesenta. Nada grave, sólo contusiones, dijeron. Pero el fiscal Javier Zaragoza tenía interés en saber las causas que podían provocar contusiones, y preguntó “si una inflamación testicular se produce de motu proprio o por una patada”.

Otro momento surrealista, quizá también extravagante, fue la declaración de la filóloga catalana, Gema Rigau, presidenta de la Comisión de Gramática del Instituto de Estudios Catalanes. Tenía que dar sentido a una traducción, una traducción incorrecta de la Guardia Civil. Con exquisita delicadeza dijo que “el español es más rico en perífrasis que el catalán”. Con una sola pregunta se explayó. Marchena la dejó. Parecía que habíamos cambiado de película.

Pero lo más cómico se produjo con los dos últimos peritos, no los encontraban. Habían entrado por su cuenta a la sala antes de que les llamaran. Cuando aparecieron, Marchena, riéndose, dijo: “mire, qué alegría”. Nos reímos todos.

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