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Cada tres horas, un menor comete una agresión sexual en España: "No se está educando en el respeto"

En los últimos diez años, el número de agresiones y abusos sexuales entre adolescentes se ha triplicado

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Sefi García
Redactora de sociedad y cultura

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 10:38

Según la memoria de la Fiscalía, en 2021 se registraron 2.625, mil más que en el año anterior. Cada tres horas, indica la Fiscalía, se abre una investigación nueva por estos delitos entre jóvenes de 14 a 17 años. El consumo de pornografía cada vez mayor y en edades muy tempranas y el desprecio a la otra persona están detrás de esta terribles conductas que son reconducibles: la mayoría de ellos no reinciden.

De los 2.625 delitos contra la libertad sexual cometidos por menores en el año 2.021, casi 700 fueron agresiones sexuales (violaciones), y el resto abusos sexuales. Según la memoria da la Fiscalía, el crecimiento es exponencial desde 2.016, año en el que se contabilizaron 1.271, y solo se detuvo en el año 2.020, durante los confinamientos, cuando se registraron 1.661.

LA VANALIZACIÓN

“Los delitos cometidos por menores en general han disminuido con respecto a generaciones anteriores- asegura Javier Urra, psicólogo forense de la fiscalía de menores de Madrid- pero tenemos dos problemas graves: los menores que agreden a los padres, que claramente han subido, los delitos de odio contra el que es distinto, y la agresión sexual”.

Para Urra la razón está en “la vanalización del hecho. El no ponerse en el lugar de la victima, en tomarlo casi casi como un juego Y la desresponsabilizacion individual, un hecho dramático”. Según su experiencia en la fiscalía de menores de Madrid, estos menores delinquen contra la libertad sexual “no tanto buscando el placer sino para demostrar y demostrarse , en el fondo un machismo claro, ante sus propios compañeros y un desprecio a la persona que a veces ha bebido o está bajo los efectos de la droga, y ya que está así, pues la utilizamos”.

"No se está educando en el respeto, la empatía, la compasión, los chavales están mamando una pornografía violenta”

MOTIVOS

Reprocha el psicólogo forense que “no se está educando en el respeto, la empatía, la compasión, los chavales están mamando una pornografía violenta”.

La terapeuta especializada en menores conflictivos Ana Altabas coincide en el análisis. Asegura que “los menores cuando llegan a la adolescencia están ante modelos de referencia que transmiten un tipo de relación basada en la falta de respeto, actitudes de dominio y en conductas controladoras y agresivaS, y esto les suele llevar a la violencia”. Los últimos datos sobre el acceso a la pornografía, sitúa en los 12 años el primer contacto. Un informe reciente de Save the Children asegura que 3 de cada 4 menores la han consumido alguna vez , más los varones (el 87%) que las mujeres (el 38%) . Otro estudio, de la Universidad de Baleares, rebaja el primer contacto a los 8 años, y asegura que la mitad de los adolescentes entre 14 y 17 años suelen ver regularmente pornografía en internet.

LA CLAVE, EN LA EDUCACIÓN

La educación, en la que se debe implicar toda la sociedad, empezando por la familia, es la única vía para erradicar estos comportamientos violentos y “debemos también enseñarles a utilizar las redes sociales- añada Altabas- porque es ahí donde tiene la información que les está llevando a determinadas conductas, a probar, a retarse así mismos, y como se sienten invulnerables, en determinadas ocasiones llegan a cometer este tipo de actos”.

No existe ninguna razón para pensar que esta espiral vaya a parar de golpe

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Así las cosas, Javier Urra se muestra algo desesperanzado. “No existe ninguna razón para pensar que esta espiral vaya a parar de golpe- afirma-si no estamos educando correctamente obtenemos estas realidades realmente dramáticas. Mi experiencia es que el agresor vanaliza el hecho lo considera un juego, mientras la víctima se siente devaluada, atemorizada, dañada, vejada, tuvo miedo..entra en un proceso de si hay riesgo de reincidencia, de enfermedad de transmisión sexual..hay quien consigue con ayuda terapéutica elaborarlo, pero hay otras que desarrollan un gravísimo estrés post traumático”.

Hay educar sobre todo a los varones para que no utilicen el pene como un arma

La prevención de estas conductas radica, según el experto en profundizar en el sufrimiento de la víctima “para educar sobre todo a los varones para que no utilicen el pene como un arma, como una herramienta de poder, pero esto hay que hacerlos en casa, en la escuela, en la sociedad...desde la mas corta edad.”

Cambiar la mentalidad del agresor

La buena noticia es que los agresores se pueden reconducir. Urra nos cuenta que cuando los agresores son condenados, trabajan mucho con ellos para conseguir un cambio cognitivo, un cambio de criterio y no solo de conducta “para que cuando salgan tengan un antídoto para no reincidir y mayoritariamente, aunque no siempre se consigue, no reinciden”.

“Hay que abrir los ojos, aunque es un problema que asusta -afima la terapeuta-pero hay que afrontar el problema. En las consultas trabajamos con ellos de forma individual y grupal, buscando que el paciente encuentre una motivación para el cambio y que reconozca su conducta, asuma su responsabilidad y detenga su conducta de abuso”.

“En mi experiencia-explica Javier Urra-los agresores al principio no le dan trascendencia a lo que han hecho, hasta que les llega la sanción, porque les afecta a ellos y en cambio cuando he hablado y profundizado con las víctimas he comprobado que en ocasiones, el daño es indeleble, para toda la vida”.

Curar a la víctima

Ana Alatabás explica que para “curar” las heridas psicológicas a las víctimas, se trabaja con ellas y con su entorno. “Una de las características de las agredidas son los sentimientos de culpa y de vergüenza, se sienten responsables de la situación porque no han sabido parar al agresor-apunta la terapeuta- y estas creencias pueden dar lugar a conductas que van desde el aislamiento a las autolesiones”. Les hacen entender que “no tiene la culpa, que los responsables son los que tiene la culpa son los que ejercen la violencia, que han vivido una situación problemática y que no hay nada de malo en ello”.

El papel de la familia es fundamental, apunta la terapeuta que “es un mito creer que es mejor olvidar, hay que afrontarlo, no se debe silenciarse ni obviarse. Con el tratamiento “se van modulando los sentimientos de impotencia, el miedo sufrido y las pesadillas”.

Hay que trabajar con las víctimas desde el primer momento. Una atención temprana es fundamental para que superen y elaboren el shock vivido.


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