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Rafael Herrero
Tres años ha durado Borja Sémper Pascual (Irun, 1976) apartado de la primera línea de la política, que abandonó desencantado por el ruido y la polarización que embarran el terreno de juego y por sus evidentes discrepancias con la anterior dirección del PP, que lideraba Pablo Casado.
El actual presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha recuperado al político vasco, habitualmente etiquetado como moderado y moderno, que luce una imagen eternamente juvenil y que cuenta con una importante experiencia política labrada en las más difíciles circunstancias en Euskadi.
Sémper, defensor de posiciones centristas y liberales, ha sido considerado un "verso suelto" dentro del PP, partido que lideró en Gipuzkoa hasta su renuncia y donde construyó una imagen carismática que le proyectó con frecuencia a los focos nacionales.
En las distancias cortas, Borja Sémper despliega una capacidad de seducción innata que le granjeó el respeto de muchos de sus adversarios políticos y, consecuentemente, le convirtió en sospechoso para no pocos de sus propios correligionarios.
Nunca rehuye los focos, como demuestran sus apariciones en publicaciones relacionadas con la moda y la cultura, ámbitos en los que se mueve con soltura. Escribe poesía, profesa aficiones como la literatura, la arquitectura y la fotografía, y es el compañero sentimental de la actriz Bárbara Goenaga, con la que tiene un hijo. Fruto de una unión anterior es padre de otros dos hijos.
Licenciado en Derecho por la UPV/EHU y experto en Gestión Púbica por el IESE de la Universidad de Navarra, ha publicado el ensayo político "Sin complejos" (2013) y los poemarios "Maldito (des) amor" (2015) y "Cosas que pasan" (2021).
En política forjó su carrera en las peores condiciones posibles, cuando ETA puso en su diana al PP vasco. Fue uno más de los jóvenes que dio el paso bajo el influjo de otro gran carismático, Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en enero de 1995.
Meses después de este asesinato, Sémper resultó elegido, con solo 19 años, concejal en Irun, su ciudad natal, donde llegó a ser teniente de alcalde y delegado de Urbanismo. Pronto se convirtió en uno de los puntales de lo que se llamó "la generación de Miguel Ángel Blanco".
Su pujanza no pasó desapercibida para ETA, que trató de matarlo. En una ocasión, cuando tenía 21 años, salvó la vida por no asistir a la Facultad de Derecho de la Universidad del País Vasco en la que cursaba sus estudios, donde lo esperaba un comando terrorista, liderado por la última jefa de ETA, Iratxe Sorzabal, también natural de Irun.
Parlamentario vasco desde 2003, se erigió como portavoz del grupo popular en la cámara vasca tras la crisis que acabó en 2013 con su predecesora, Arantza Quiroga, a quien no apoyó en su intento de promover un acuerdo de convivencia que incluía a EH Bildu.
En 2009 fue elegido presidente del PP de Gipuzkoa con el respaldo de cerca del 95 % de los votos y desde entonces hasta su retirada en 2020 lideró a los populares guipuzcoanos sin apenas oposición.
Encabezó en dos ocasiones (2015 y 2016) la lista guipuzcoana en las elecciones generales, pero no logró asiento en el Congreso de los Diputados, tras lo que en 2019 sorprendió al presentarse como candidato a la Alcaldía de San Sebastián, donde logró mantener los tres concejales que tenía el PP, en un contexto general de retroceso electoral.
Con la dirección de Pablo Casado mantuvo varios sonados encontronazos públicos, como el originado por la imposición desde Génova de Iñigo Arcauz como cabeza de lista de Gipuzkoa en las generales o el que protagonizó con Cayetana Álvarez de Toledo después de que esta tildara de "tibios" a los populares vascos con respecto al nacionalismo.
Además, se mostró como uno de los políticos del PP más contundentes contra el discurso de Vox, pese a que, como ha hecho hoy mismo, hable siempre con respeto personal de su presidente, Santiago Abascal, con el que comparte orígenes políticos y un pasado de resistencia en Euskadi.
En enero de 2020, Sémper anunció que dejaba la política -que no el PP- para fijar su residencia en Madrid y aceptar el puesto de director de relaciones institucionales de la multinacional Ernst & Young.
Su renuncia no implicó su desaparición, porque durante estos tres años ha mantenido presencia mediática junto con el expolítico socialista Eduardo Madina, con quien ha compartido espacio radiofónico y también un libro y un documental, "Todos los futuros perdidos", en el que compartían reflexiones sobre la política y la convivencia, diez años después del fin de la violencia terrorista en Euskadi.
Además, en marzo del pasado año resultó elegido como compromisario del congreso extraordinario del PP que eligió a Feijóo como presidente, un hecho que él mismo desvinculó de una posible vuelta a la política, pero que avanzó una sintonía con el actual líder popular que ha terminado por devolver a Borja Sémper a la arena política.
Su reto, como portavoz de campaña del PP, consistirá en mantenerse fiel a su discurso contra la crispación, la polarización y la política de "trincheras" en pleno contexto electoral, precisamente cuando más se embarra el campo de juego político.



