Paco, agricultor: "Ganó siete euros a la hora, es el salario mínimo, cuando empecé ganaba más que ahora, imagínate"
La dura realidad del campo español: jornadas de más de ocho horas, salarios estancados y una lucha constante contra la competencia desleal y los bajos precios
Paco, agricultor
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Paco, un agricultor con toda una vida de experiencia en el campo, resume la situación actual con una frase lapidaria: el salario de hoy es inferior al de sus inicios. Trabajar en la agricultura, según su testimonio, supone cobrar "unos 7 € la hora, más o menos", lo que equivale al salario mínimo. Esta realidad ha sido documentada en el canal de YouTube de @Archieted0, donde el creador de contenido Archi se sumerge durante una jornada completa en las labores del campo para mostrar el esfuerzo que hay detrás de los alimentos.
La jornada se desarrolla en "La Salada", la finca de 90 hectáreas del agricultor Pascual. Aquí, la apuesta es por un cultivo ecológico, sin químicos y con un cuaderno de campo que anota cada paso. "Tenemos muchas inspecciones", explica Pascual, cuyo método permite que la fauna, como las ranas, prospere en sus tierras, un indicador de la salud del ecosistema.
Un modelo de negocio en riesgo
Sin embargo, este modelo de producción sostenible enfrenta enormes desafíos. Pascual relata cómo una DANA le ocasionó pérdidas de "varios cientos de miles de euros". A esto se suma la presión de los precios, que no siempre recompensan el esfuerzo. "Si los precios no acompañan, tanta gente abandona", lamenta, una situación que pone en jaque la viabilidad de explotaciones que afrontan recortes y dificultades económicas como la caída de ayudas de la PAC.
Nosotros jugamos con unas normas que los países que no se hacen competencia no juegan con esas mismas reglas"
Paco, agricultor
La competencia con productos de países terceros es otro de los grandes frentes de batalla. Pascual denuncia el desequilibrio: "Nosotros jugamos con unas normas que los países que no se hacen competencia no juegan con esas mismas reglas". Esta desventaja se traduce en que productos como la sandía se venden a pérdidas, a "5 céntimos" el kilo para el agricultor, mientras los supermercados los usan como producto reclamo.
El día a día en el campo
El trabajo diario es físico y minucioso. La jornada de Archi comienza a las nueve de la mañana e incluye tareas como quitar a mano las malas hierbas que compiten con los árboles, seleccionar uno a uno los tomates que cumplen los estándares de calidad, desechando cerca de un 10% de la cosecha, y aprender a recolectar melones en su punto exacto de maduración.
Cuando inicié ganaba más que ahora"
El punto álgido de la jornada llega con el manejo del tractor, una máquina de 50.000 euros. Es aquí donde aparece Paco, el veterano operario que ha pasado "toda la vida" en el campo. Al preguntarle por el salario, su respuesta es contundente: "Antiguamente se ganaba mucho más que ahora. Yo cuando inicié ganaba más que ahora". La conversación revela que un trabajador del campo percibe hoy el salario mínimo por un trabajo de gran dureza física, a pesar de que la inversión en maquinaria es cada vez mayor, con tractores que superan los 30.000 euros.
Venta directa como alternativa
Ante este panorama, surgen iniciativas como EAP (European Agricultural Product), el proyecto de Pascual. Nació como un intento de crear un sello de garantía de origen europeo que los grandes supermercados rechazaron. "Me di cuenta de que estaban dando largas y ningún supermercado tenía la más mínima intención de instalar este proyecto", confiesa.
Ante la negativa, EAP se ha reconvertido en una plataforma de venta directa del agricultor al consumidor. El objetivo es ofrecer "garantía de origen" y asegurar un "precio justo" para el productor. De esta forma, los consumidores pueden apoyar directamente a los agricultores españoles, comprando producto fresco y de primera calidad, sabiendo que su dinero contribuye a la sostenibilidad del sector.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.