PATRIMONIO PLEISTOCENO (Entrevista)

El Pleistoceno aún vive a treinta minutos de Burgos en una reserva animal

Al aventurero de fin de semana que decida escaparse a visionar la fauna de la provincia de Burgos y apunte sus prismáticos hacia la sierra de Atapuerca puede quedarse sorprendido al aparecer en su lente un bisonte o un tarpán, dos especies del Pleistoceno que vuelven a habitar este ecosistema.,Catalogado como el primer parque del Pleistoceno con animales vivos de Europa, los iniciativas SierraViva y Paleolítico Vivo han emergido con fuerza en los últimos a

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 11:43

Adrián Arias

Al aventurero de fin de semana que decida escaparse a visionar la fauna de la provincia de Burgos y apunte sus prismáticos hacia la sierra de Atapuerca puede quedarse sorprendido al aparecer en su lente un bisonte o un tarpán, dos especies del Pleistoceno que vuelven a habitar este ecosistema.

Catalogado como el primer parque del Pleistoceno con animales vivos de Europa, los iniciativas SierraViva y Paleolítico Vivo han emergido con fuerza en los últimos años al este de la capital burgalesa, en el municipio de Salgüero de Juarros, donde Eduardo Cerdá y su equipo dirigen un proyecto de conservación, investigación y divulgación de la fauna prehistórica de la Sierra de Atapuerca.

Con motivo de su aterrizaje en la feria Bienal Ibérica de Patrimonio Cultural, ARPA, en Valladolid, el director de este proyecto explica en una entrevista con Efe cómo surgió esta idea de recrear en una reserva animal la fauna que existía en este importante enclave de la historia de la humanidad hace miles de años.

Tantos como cuando antepasados de nuestra especie, como el Homo anteccessor (800.000 años) o los preneandertales (400.000 años) poblaban lo que hoy es Burgos.

La idea surgió, cuenta Cerdá, a raíz de que su empresa dejara de gestionar las visitas de los yacimientos de Atapuerca, momento en el que las circunstancias les obligaron a "buscarse la vida" y, por "casualidades del destino", alguien le propuso la idea de reinsertar en Burgos especies actuales, como el bisonte, que en su día pacía por la Sierra de Atapuerca en convivencia con otros grandes herbívoros.

Como suele ser habitual, de esta idea primigenia, Cerdá tiró del hilo hasta descoser lo que hoy es el proyecto 'Paleolítico Vivo', que vio la luz en 2015 y que en estos tres años ha conseguido multiplicar por siete sus visitantes hasta alcanzar los 15.000 el pasado año.

Con un equipo formado por especialistas medioambientales, veterinarios, ornitólogos y asesorados científicamente por el prestigioso paleontólogo Juan Luis Arsuaga, desde el 2013 director científico del Museo de la Evolución Humana en Burgos, este proyecto de recuperación de la fauna del Pleistoceno ha conseguido granjearse el apoyo de la administración autonómica.

Además de este apoyo de la Junta, Cerdá explica que en la actualidad el proyecto está trabajando para firmar un convenio de colaboración con la Universidad de Burgos, después de que hace unos meses consiguieran convenir su colaboración con la Universidad de Valladolid. Y es que esta unión de "ocio, investigación y divulgación" son las "claves" del proyecto, apunta.

Ya sea a pie o sentados cómodamente en un todoterreno, los intrépidos aventureros que decidan retroceder casi un millón de años en el tiempo podrán contemplar cómo bisontes, caballos de razas en peligro de extinción como los przewalski o tarpán o descendientes directos de las vacas del Pleistoceno, como los uros, comparten campo y hierba con los conejos locales.

Sin embargo, el Pleistoceno es solo una división temporal a escala geológica de nuestro planeta, que discurre de forma paralela a otra escala temporal, la de los humanos, que es una división cultural y que recibe el nombre según los modos de producción lítica: Paleolítico, Mesolítico y Neolítico.

Y es que, además de reconstruir la fauna existente en el Pleistoceno, este proyecto también busca sumergir a los visitantes en el periodo prehistórico más longevo de la humanidad, como fue el Paleolítico, con sus formas de vida basadas en la caza y recolección de alimentos o la producción de herramientas líticas simples.

Con diez personas trabajando en el proyecto y la proyección de abrir en un futuro cercano un centro de recepción de visitantes, Cerdá confiesa que en su mente está seguir ampliando la plantilla, con nuevas incorporaciones que ayuden a "crecer" a "este proyecto del pasado, con presente y mucho futuro", asegura.

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