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El Motín de Aranjuez: cuando Godoy se escondió de una turba enfurecida debajo de una alfombra

El llamado Príncipe de la Paz fue hecho responsable de que la monarquía española estuviera en manos de Napoleón durante la invasión francesa de 1808

El Motín de Aranjuez: cuando Godoy se escondió de una turba enfurecida debajo de una alfombra

 

Jaime Cervera

Redactor

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 02:01

El Motín de Aranjuez es uno de los sucesos más importantes relacionados con la presencia francesa en España durante la etapa napoleónica y, en general, de todo el siglo XIX.

Fue una revuelta protagonizada por algunos nobles, en contra de la creencia habitual de que se trató de un movimiento popular. Tuvo lugar el 18 de marzo de 1808 en el Real Sitio de Aranjuez, donde la Familia Real de Carlos IV, junto a su valido, Manuel Godoy, se había retirado huyendo del avance francés en la península.

La intención de los Reyes era hacer escala en Aranjuez para continuar su escapada hacia sus dominios en América. Sin embargo, se corrió la voz de que esos eran los planes de los monarcas y una multitud, compuesta sobre todo por empleados de los nobles de la zona, se dirigió al palacio de Aranjuez. Iban liderados por varios políticos nobles que apoyaban la pretensión al trono del entonces Príncipe de Asturias, que luego se convertiría en Fernando VII.

La turba se dirigió al palacete de Godoy, a quien se le echaba la culpa de todos los males por los que atravesaba la nación. A él se le responsabilizaba de que la monarquía española estuviera en manos de Napoleón, una circunstancia que se sumaba a la rumorología sobre la supuesta relación entre el Príncipe de la Paz y la Reina María Luisa.

La familia de Carlos IV, retratada por Goya

'La familia de Carlos IV', retratada por Goya.

A Godoy lo encontraron en el desván, escondido bajo una alfombra. Allí mismo, los amotinados estuvieron a punto de lincharlo, pero la Guardia de Corps, a cuyo cuartel fue trasladado, intervino a instancias del propio Príncipe para evitar que lo mataran. Eso sí, Fernando se ocupó de que fuera juzgado y, sobre todo, de que se cumpliera el objetivo de la revuelta: que su padre, Carlos IV, abdicara en su favor.

La mitología del motín

Durante los años de la Guerra de la Independencia, el Motín de Aranjuez se tomó como una suerte de mito fundacional de la nación española ante el enemigo francés, a la misma altura del 2 de mayo. Tal fue la mitificación de aquel suceso que se quiso que la Constitución de Cádiz, la Pepa, fuera firmada el mismo día en que Carlos IV abdicó en Fernando VII, el 19 de marzo.

Esta consideración histórica hacia el Motín de Aranjuez se revisó por completo cuando el Rey Deseado se convirtió en el Rey Felón terminada la guerra. Los españoles, en particular los liberales que habían impulsado la Constitución, descubrieron entonces las verdaderas intenciones de Fernando VII, que revocó todo lo firmado en Cádiz para volver al absolutismo.

Como señala Antonio Calvo Maturana, profesor de la Universidad de Alicante, “aunque Godoy siguió siendo demonizado (y quedó marcado como símbolo del despotismo y de los vicios del Antiguo Régimen), la leyenda [del Motín de Aranjuez] se quedó coja cuando su divino príncipe se cayó de los altares, quedando del lado de los enemigos de la libertad”.

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