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La vida humana como mercancía

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Una de las iniciativas populares europeas que más entusiasmo habían suscitado en los últimos meses ha sido echada por tierra por la actual Comisión Europea en funciones, que ha venido así a confirmar su alejamiento de las preocupaciones reales de los ciudadanos. Se trata de la iniciativa que lleva por nombre “Uno de nosotros” que había recogido más de un millón de firmas en todos los países de la Unión Europea para pedir la supresión de las ayudas económicas destinadas a la investigación con embriones humanos y la financiación del aborto en terceros países. Como era de esperar, el Foro español de la Familia, uno de los promotores de la iniciativa liderada por el hasta ahora eurodiputado Jaime Mayor Oreja, ha denunciado con toda energía esta decisión que muestra hasta qué punto los órganos de gobierno de la Unión Europea se preocupan más de satisfacer los “lobbies” económicos y empresariales que las demandas de los ciudadanos. Estos grupos de presión disponen cada año de una subvención de 156 millones de euros para manipular células madre extraídas de embriones humanos, en busca de una hipotética panacea terapéutica, en una terrible contradicción: suprimir vidas humanas para prolongar, supuestamente, otras vidas de adultos. Precisamente otra institución europea, el Tribunal de Justicia de la Unión, ya definió hace tiempo al embrión humano como “portavoz de la dignidad humana”, y por tanto, sujeto de protección. La ya extinta Comisión Europea, ha rendido así un último servicio a quienes han convertido la vida humana en una mercancía, antes que defender los derechos humanos como la raíz de la civilización que ha alumbrado la misma Europa.

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