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LÍNEA EDITORIAL

Tradición y renovación

Ante más de 50.000 personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el Papa ha rezado este domingo el tradicional Ángelus y nos ha confortado con sus palabras,  ayudándonos a meter de lleno en la Cuaresma, tiempo por excelencia para la conversión y para preguntarnos, con corazón sincero, cuál es el verdadero lugar que ocupa Dios en nuestra vida.   En particular durante este tiempo, la Iglesia llama a todos sus miembros a renovarse en el espíritu y a reorientarse decididamente hacia Dios, renegando del orgullo y el egoísmo para vivir en el amor. Todo ello en un inevitable combate espiritual, donde el mal está presente y donde en muchas ocasiones hemos de actuar en conciencia, ante Dios, para no seguir el interés personal sino el verdadero bien.    Tal y como nos ha recordado Benedicto XVI, la Cuaresma es un tiempo favorable para redescubrir la fe en Dios como criterio fundamental de nuestra vida y de la vida de la Iglesia. Y para hacerlo reconociendo, precisamente en el domingo en el que se ha proclamado el evangelio de las tentaciones, que hoy una de las tentaciones más poderosas que nos acecha es la de vivir de espaldas a Dios, como si no existiera.   Benedicto XVI sabe que esa renovación del espíritu, esa conversión personal a la que todos estamos llamados, sólo es posible a la luz de la gran Tradición de la Iglesia. Así nos los ha recordado y enseñado también con el mismo gesto de su renuncia: nos ha recordado que la Iglesia es Tradición, con mayúscula, y nos ha enseñado de forma magistral que nunca debemos olvidar quién es verdaderamente su Señor.

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