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PRESIDENTE

Pedro Sánchez, el ave fénix que acabó alcanzando la Moncloa

El líder del PSOE ha visto la muerte política de cerca, y se ha levantado de sus cenizas para rozar con los dedos el Palacio de la Moncloa

Pedro Sánchez triunfante
  | EFE

Si alguien cree en Pedro Sánchez es Pedro Sánchez. El líder del PSOE se ha visualizado siempre sentado en el Palacio de la Moncloa, y ha hecho todo lo que estaba en su mano para conseguir su objetivo.

El 1 de octubre de 2016, Pedro Sánchez dimitía como Secretario General del PSOE. "Ha sido un honor", decía, "a partir de ahora seguiré siendo un militante más del PSOE". Poco después renunciaba a su acta de diputado y pasaba al ostracismo político. Fue la última muerte política de Pedro Sánchez, el hombre que había intentado con todas sus fuerzas ser Presidente del Gobierno de España.

Sánchez dimite como Secretario General del PSOE
Reuters

Su historia empezó como muchas, con otra dimisión. El 26 de mayo de 2014, Alfredo Pérez Rubalcaba, incapaz de gestionar el legado del zapaterismo, anunciaba su renuncia a la Secretaría General del Partido Socialista. Lo hacía motivado por el resultado del PSOE en las elecciones europeas, como él mismo explicó: "La responsabilidad del muy mal resultado electoral es mía, mía y mía, y así asumo mi responsabilidad".

A partir de ahí, comenzó un proceso de primarias para elegir al nuevo Secretario General del PSOE, en las que participaron tres candidatos: el favorito, Eduardo Madina, el outsider, José Antonio Pérez Tapias, y el casi desconocido diputado madrileño Pedro Sánchez, al que muchos consideraban una marioneta de Susana Díaz para alcanzar ella la dirección del Partido a nivel nacional. En contra de los pronósticos, ese diputado alto y guapo, del que poco se sabía más allá de su paso como concejal por el Ayuntamiento de Madrid, se convertía en el líder de la oposición a la entonces aplastante mayoría absoluta de Mariano Rajoy. 

Durante esa primera legislatura al frente de la oposición, Sánchez se tuvo que enfrentar al enemigo inesperado: Podemos. El partido de Pablo Iglesias llegó a liderar las encuestas y amenazaba la hegemonía del PSOE en la izquierda, a los que acusaba de haber traicionado a sus votantes apoyando la reforma del artículo 135 de la Constitución, que limitaba el déficit público.Sánchez contraatacó asegurando que Podemos era "un partido populista que buscaba traer el chavismo a España".

El 20 de diciembre de 2015, Pedro Sánchez acudió por primera vez como candidato a unas elecciones generales en España. El PSOE obtuvo 5 millones y medio de votos y 90 diputados, un resultado mucho más desastroso que el que provocó la dimisión de Rubalcaba. El varapalo habría hecho dimitir a cualquier otro, pero no a Pedro Sánchez, porque Pedro Sánchez cree en Pedro Sánchez. A pesar de las presiones de sus propios barones y de gran parte de los medios tradicionalmente afines, se negó a facilitar la presidencia del Gobierno a Rajoy. Y cuando el líder del PP rechazó la propuesta del Rey de presentarse como candidato a la investidura, ahí estaba Pedro atento al rechace, como un delantero hábil buscando portería. 

Por fin llegó el momento clave. Era su día. Todos los focos estaban puestos en Pedro Sánchez, toda la atención fijada en él. De la mano de Ciudadanos, con el que pactó un programa de Gobierno conjunto, se presentó a la investidura con el escueto apoyo de 130 diputados y con la esperanza de que a Pablo Iglesias se le ablandara el corazón. Pero no pudo ser, y Sánchez pasó a la historia de España como el primer candidato a la investidura que no lograba ser elegido Presidente131 votos a favor (se sumó Coalición Canaria) y 219 votos en contra. Cualquier otro candidato habría dimitido, pero Pedro Sánchez cree en Pedro Sánchez.

Llegaron las segundas elecciones, las de junio de 2016, y Pedro Sánchez y el Partido Socialista lograron un nuevo récord negativo: 85 diputados y 5 millones 400 mil votos. Todo el mundo esperaba expectante el discurso en Ferraz, en el que Pedro Sánchez anunció con una alegría, eso sí, contenida, que su partido había conseguido seguir liderando la izquierda, después de evitar el temido sorpasso de Podemos.

Sorprendentemente, hubo gente en su partido que no veía clara la victoria que anunciaba su Secretario General, y las presiones de barones como Susana Díaz, Javier Fernández, Guillermo Fernández Vara o Javier Lambán se volvieron cada vez más insoportables. En el largo verano de 2016, Pedro Sánchez hizo del "No es No" su lema político, asegurando una y otra vez que nunca se abstendría en una investidura de Mariano Rajoy. La tensión se desbordó en el mes de septiembre, en el que Sánchez anunció una consulta a la militancia y en el que sus rivales le impusieron un Congreso en el que su propuesta fue rechazada por 132 votos en contra y 107 a favor. Esto habría provocado la dimisión de cualquiera, incluso también la de Pedro Sánchez.

Mientras su partido (o parte de él) se abstenía para hacer presidente a Rajoy, Pedro dejó su acta del Congreso, y se retiró a meditar sobre lo sucedido, sobre si España aún lo necesitaba y sobre qué hacer en los próximos meses. Sánchez necesitaba volver a sentir que España estaba de su lado, que los socialistas le apoyaban, para volver a creer en Pedro Sánchez. Así que cogió su coche y comenzó su viaje espiritual.

Escuchó atentamente a España, que le dijo cosas como que era un país plurinacional, o que Podemos ya no era populista, revelaciones que decidió hacer públicas en una entrevista con Jordi Évole en la Sexta. Un nuevo Pedro había llegado, un Pedro Sánchez que ya no pactaba tanto con Ciudadanos, y que estaba mucho más a la izquierda que Susana Díaz, que apoyada por Felipe González, Rubalcaba, Zapatero, García Page, Fernández Vara, Ximo Puig, Eduardo Madina, Javier Lambán, Javier Fernández y un largo etcétera, parecía que iba a arrasar en las primarias socialistas. Pero Pedro Sánchez, que lo mismo había sido un patriota envuelto en una gigantesca bandera de España que un defensor de las múltiples naciones del Estado, que lo mismo había pactado con Ciudadanos que apostaba por acercarse a Podemos, tenía una nueva carta en la mano. Presentarse como la víctima de las conspiraciones de la plana mayor socialista, que lo había traicionado, incluidos algunos de sus más allegados, como César Luena o Antonio Hernando.

PEDRO SÁNCHEZ HACE CAMPAÑA EN SANTA COLOMA DE GRAMENET JUNTO...
EFE

Convertirse, por un par de meses, en el enemigo del establishment funcion, y por primera vez en 2 años, Pedro Sánchez ganó una votación. Y se alzó triunfante, cual ave fénix, ya no era el que había sacado dos veces el peor resultado de la historia del PSOE, ya no era el único español en fracasar en una investidura. Volvía a ser Pedro Sánchez, el líder de la izquierda, el hombre destinado a acabar con la corrupción y los recortes del PP. Las malas lenguas aseguraban que Sánchez se planteaba una moción de censura apoyada por los independentistas, Pablo Iglesias lo tentó varias veces, y al final la sentencia del caso Gurtel y la negativa de Rajoy a dimitir le han dado el arma definitiva. Por fin Pedro Sánchez (con permiso de Zidane) es el centro de todos los focos. Y puede celebrar una victoria.

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