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Críticas de los estrenos de cine del 27 de marzo

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín comenta “Grandes esperanzas”, “Los últimos días”, “La soledad de los números primos” y “G.I. Joe: La venganza”.
Grandes esperanzas
Grandes esperanzas

Grandes esperanzas (Great Expectations) *** (6,5). Desde niño, el joven huérfano Pip, hijo de un humilde herrero, sueña con convertirse en caballero. Gracias a un misterioso benefactor (Ralph Fiennes), Pip (Jeremy Irvine) viaja a estudiar a Londres, y allí usa su nueva posición para seducir a la hermosa Estella (Holliday Grainger), una heredera a la que ama desde la niñez. Sin embargo, Estella es sobrina de una vieja aristócrata perturbada (Helena Bonham Carter), que ha educado a la chica para hacer sufrir a los hombres.

En el marco de los actos conmemorativos del 200 aniversario del nacimiento de Charles Dickens, el también inglés Mike Newell (“Cuatro bodas y un funeral”, “Harry Potter y el cáliz de fuego”, “Prince of Persia”) dirige esta adaptación hiperrealista de “Grandes esperanzas”, una de sus novelas más famosas. Nada cabe reprochar a la elegante puesta en escena, la esmerada ambientación o el vistoso vestuario. Pero todo ello transmite escasas emociones al espectador, quizás por el tono demasiado melodramático del guión de David Nicholls, o por sus ciertas irregularidades narrativas, o tal vez por las desequilibradas interpretaciones, bastante sobrias en el caso de los jóvenes protagonistas —Jeremy Irvine y Holliday Grainger—, pero muy histriónicas en el caso de Ralph Fiennes y Helena Bonham Carter. El caso es que el filme sabe a poco, sobre todo en comparación con la novela. J. J. M.




Los últimos días *** (6,5). Hace cuatro años, los hermanos barceloneses Àlex y David Pastor dirigieron en Estados Unidos y en inglés su primer largometraje, “Infectados”, intensa pero irregular intriga de terror sobre dos chicos y dos chicas que acaban en una perdida playa del Golfo de México huyendo de la pandemia de un misterioso virus mortal. Ahora, en “Los últimos días”, los Pastor reinciden en el thriller apocalíptico, pero esta vez con ambientación urbana y con un planteamiento narrativo similar al de “El incidente”, de M. Night Shyamalan, y al de “Fin”, de Jorge Torregrossa.

En 2013, una epidemia mundial de agorafobia —pánico irracional a los espacios abiertos— mata a muchos seres humanos con fulminantes ataques al corazón, y obliga a los supervivientes a encerrarse en sus casas y oficinas, y a moverse sólo por las cloacas o el Metro. En una Barcelona vacía y desolada, el joven programador Marc (Quim Gutiérrez) y su antiguo director de recursos humanos Enrique (José Coronado) emprenden juntos un viaje incierto, el primero al centro de la ciudad, en busca de su novia Julia (Marta Etura), y el segundo en pos de un misterioso objetivo en la Villa Olímpica.

“Los últimos días” padece un guión con demasiados flashbacks, corto en sus planteamientos dramáticos, nada abierto a la trascendencia y demasiado ceñido a las convenciones del terror apocalíptico, incluida una breve concesión erótica, metida con calzador. Sin embargo, esta vez los hermanos Pastor perfilan mejor a los protagonistas que en “Infectados”, permitiendo así el lucimiento de Quim Gutiérrez y José Coronado, y su conexión con el espectador. Además, su puesta en escena es más rigurosa e inquietante, y se ve reforzada por unos impactantes efectos visuales y una excelente banda sonora de Fernando Velázquez. Queda así una entretenida película de género, que da continuidad a la elogiable tendencia del cine español de los últimos años y le añade un punto de esperanza a través de la maternidad, el arrepentimiento y el perdón. J. J. M.



La soledad de los números primos (La solitudine dei numeri primi) ** (5,5). Alice y Mattia han sufrido tragedias que les han marcado desde la infancia: un accidente de esquí en el caso de Alice (Martina Albano), que le ha producido una cierta cojera; y en el caso de Mattia (Tommaso Neri), la pérdida de su hermana gemela. Cuando, de adolescentes, Alice (Arianna Nastro) y Mattia (Vittorio Lomartire) se encuentran en los pasillos del instituto, cada uno de ellos reconoce en el otro su propio dolor. Mientras van creciendo, sus destinos se entrelazan en una amistad especial, hasta que Mattia (Luca Marinelli), tras doctorarse en Física, decide aceptar un puesto de trabajo en el extranjero. Esto le obliga a separarse de Alice (Alba Rohrwacher) durante muchos años, hasta que una serie de acontecimientos volverá a reunirlos, haciendo que afloren sus emociones ocultas.

Esta discutida adaptación de la famosa novela de Paolo Giordano se asienta dramáticamente en esa idea de que, entre los números primos —sólo divisibles por 1 y por ellos mismos—, hay algunos aún más especiales: los números primos gemelos. Son parejas de números primos que están muy cercanos, pero entre ellos media siempre un número par que los impide tocarse. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. En torno a esa consideración de los protagonistas, Alice y Mattia, como números primos gemelos, giran todas las idas y venidas del guión por su infancia, adolescencia y madurez.

Sobre el papel, la idea era buena, pero su concreta plasmación fílmica deja mucho que desear. A diferencia de la novela, de desarrollo lineal, la película tarda mucho en desvelar las motivaciones íntimas de los dos singulares personajes, que aparecen durante gran parte del metraje como dos colgados y raritos, muy distanciados del espectador. A mitad de metraje, el enfoque se entona. Pero, para entonces, el espectador está ya un poco cansado de ver sufrir a Alice y Mattia, por más que estén muy bien interpretados en cada etapa de sus vidas. Tampoco la densa y esmerada puesta en escena de Saverio Costanzo (“Private”, “In memoria di me”) logra levantar el vuelo de la película, que queda así como una lúgubre rareza, fría y retorcida, más psicoanalítica que moral, en torno a la soledad, el amor y las tragedias de la infancia. J. J. M.




G.I. Joe: La venganza (G.I. Joe: Retaliation) ** (4,5). Casi todos los componentes del equipo de élite de los G.I. Joe mueren en una sangrienta emboscada, mientras desarmaban unas ojivas nucleares. El culpable es un misterioso personaje, que ha secuestrado y suplantado al presidente de Estados Unidos (Jonathan Pryce), poniendo en peligro la paz mundial. Los tres supervivientes de los G.I. Joe (Dwayne Johnson, Byung Hun Lee y Adrianne Palicki) logran conectar con Snake Eyes (Ray Park) y con el retirado general Joe Colton (Bruce Willis) para intentar solucionar la peliaguda situación, tras la que se adivina la alargada mano de su archienemigo la organización criminal Cobra y de secuaces como Zartan (Arnold Vosloo).

Tras retrasarse un año su estreno, llega por fin esta nueva aventura fílmica, inspirada en los populares juguetes de la marca Hasbro. Al igual que su predecesora de hace tres años, su ligerísimo guión —por llamarlo de alguna manera— es una simple excusa para la sucesión de secuencias de acción trepidante, sólo rotas por unos cuantos diálogos que pretenden, sin éxito, ser graciosos o trascendentes. Todo queda en un vacío y aparatoso tiovivo de impactantes escenas de acción, a medio camino entre el estilo de Hollywood y el del cine oriental, bien coreografiadas por el californiano John M. Chu (“Street Dance”, “Step Up 3D”, “Justin Bieber: Never Say Never”), y encarnadas con cierta convicción por los actores, pero que acaban cansando por su reiterativa deriva hacia la estética de los videojuegos y por sus recursos efectistas al 3D estereoscópico. Se agradece, eso sí, que la abundante violencia de la película sea muy poco realista y no se traduzca en un constante baño de sangre. J. J. M.