Boletín

SANTORAL 17 JULIO

El santo pobre que se desprendió hasta de su propia casa

San Alejo marchó de su casa como peregrino y al final vivió en un trozo de pasillo.

Una Fe con pobreza
Jesús Luis Sacristán

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 17 jul 2019

La pobreza y el desprendimiento siempre ha sido un ingrediente fundamental en la vida de los que siguen a Dios. Pero ese desprendimiento no habla solo de las monedas y riquezas, sino cualquier cosa que, aunque no sea dinero, se hace golosa en nuestras manos, en nuestra mente, o en nuestra forma de pensar.

Hoy celebramos a San Alejo que fue alguien muy desprendido en su condición no de remitaño, pero sí de peregrinar por los mundos de Dios con lo puesto y poco más para asemejarse a lo que pide el Evangelio. Hijo del rico y caritativo senador romano, huye en busca de la soledad el mismo día en que contrajo matrimonio, aspirando a una consagración especial por el Reino de los Cielos. Pronto inicia una peregrinación por las tierras de Edesa, más allá del Eúfrates.

Pero su itinerario no queda ahí, porque también recorre los principales Lugares Santos donde tuvo lugar la Vida de Cristo. Con el paso del tiempo descubrió cómo de hombre rico y de familia opulenta, había pasado a ser un mendigo imbuido en la más absoluta pobreza, al estilo de los demás necesitados. Sin embargo, esta situación no le asusta, ya que pide limosna, siempre desde una aptitud de aceptación y conformidad con la voluntad de Dios que así lo ha dispuesto para su santificación, algo por lo que da gracias desde la oración de cada día en la Basílica de Santo Tomás.

Entretanto, su padre preocupado por recuperar a su hijo, envía legados, hasta que le encuentra y el hacer retornar a casa. Como no puede marchar, se aposenta en un hueco del pasillo donde buscará un estilo de vida austera. La penitencia y el ayuno conforman el estilo de vida, en el que no faltaron las burlas de la servidumbre, aunque el objetivo de Alejo era ser ignorado por todos.

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