Boletín

SANTORAL 25 JUNIO

El Santo mártir que convirtió a muchos en la prisión

San Pelayo vivió en un periodo de persecución a los cristianos españoles.

Encarcelado por Cristo

Jesús Luis Sacristán García

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 25 jun 2019

España siempre ha sido tierra de santos. A cada uno de ellos le ha tocado etapas distintas. Algunos han vivido tiempos de paz, otros de dificultad y no han faltado los que han sido testigos de la persecución religiosa. Y tan testigos como que ellos mismos han sufrido las consecuencias muriendo mártires. Hoy celebramos a San Pelayo, que es uno de esos mártires en la persecución a la Fe cristiana. 

Nacido en Galicia en torno al año 911, era sobrino de Hermogio, Obispo de Tuy (Vigo). Así se educó a la vera del Palacio Episcopal, participando en el canto mozárabe y, teniendo un profundo conocimiento de la Liturgia, así como de la gramática. Pero en la juventud tuvo que soportar la persecución, viendo cómo sus propios compañeros eran apresados y encadenados. La misma suerte corrió él cuando, bajo el pretexto de llevarle a ver a su tío, la verdadera intención era canjearle ya que el prelado era anciano y enfermo, mientras él se encontraba robusto y fuerte.

Poco a poco se ganó la confianza de los carceleros con los que discutía sobre la verdadera Doctrina de la Fe, al tiempo que cuando le dejaban pasar por entre los presos de la cárcel, se acercaba de forma especial a aliviar a los sacerdotes. También tuvo ocasión de comprobar la corrupción de muchos cordobeses entregados a los deseos de Abderramán III quien les prometía riquezas a cambio de abandonar la Fe de Cristo, algo que no entraba en su mente.

Precisamente cuando le llegaron las promesas vanas y terrenales de los enemigos, se afianzó más en el Señor. Por esto fue condenado a muerte, siendo arrojado desde una catapulta de guerra. Posteriormente un guardia le cortó la cabeza. Su cuerpo fue trasladado a León y después a Oviedo donde reposa hoy.

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