SANTORAL 16 AGOSTO

El Santo llagado que fue un buen samaritano y terminó en la cárcel por envidia

San Roque nació en Francia y sanó a los enfermos de peste.

Lamer las llagas

Jesús Luis Sacristán García

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 20:57

Existen muchos Santos que han sido populares en el calendario, pero no porque su vida haya sido muy conocida. Más bien ha sido los retazos de una andadura sencilla y caritativa los que han mostrado la realidad de ese hombre la que le ha importado hacer el bien a los demás para que Dios un día se lo reconozca, añadiendo una buena dosis de humildad a su trayectoria. Si tenemos que hablar de un Santo de esas características ese es San Roque al que conmemoramos hoy.

Su nacimiento se sitúa en Montpellier (Francia), el siglo XV. Muy pronto quedaría huérfano de padres, y con una herencia muy grande, que repartió entre los pobres para seguir el mandato evangélico que recalca: “Si quieres ser perfecto, vende cuanto tienes, dáselo a los pobres, y así tendrás un tesoro grande en el Cielo”.

Una vez desprendido de sus bienes, inició una peregrinación a Roma, con el objetivo de profundizar en la Fe para instruir en ella a los demás. Cuando llego a La Toscaza, se hospedó en Acquapendente. Allí una grave peste asoló por entonces la zona, y Roque decidió ir al hospital para ayudar a los enfermos, ya que, probablemente tenía conocimientos de medicina. Su confianza en Dios fue tan grande que logró innumerables curaciones milagrosas. 

También se le atribuye la sanación de un Cardenal enfermo en Cesarea que, posteriormente se lo presentó al Romano Pontífice. A su paso por Rímini, donde también permaneció un tiempo, contrajo la peste, con lo que los planes de la Providencia le obligaban a cambiar de situación. Recluido en un bosque a modo de leproso para cuidarse, logró una progresiva recuperación de su enfermedad. Acusado falsamente de espionaje, fue encarcelado y allí murió entregando su alma a Dios.

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