La Santísima Trinidad: la mejor Comunicación de Dios

La Santísma Trinidad es Misterio de Luz

La Santísima Trinidad

Jesús Luis Sacristán García

Jesús Luis Sacristán García

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 21:12

Si después de Navidad quedan algunas celebraciones como la Presentación que es una prolongación en el Misterio de la Infancia del Señor, en la Pascua, por ser el Culmen de la Fe cristiana, no podía ser menos. Y he aquí un ejemplo con el Dogma más sublime e importante que estructura nuestro Credo: La Santísima Trinidad. En Él creemos que en Dios hay Tres Personas distintas y un solo Dios Verdadero. En el Evangelio Cristo habla que Él y el Padre son una misma cosa. 

Y cuando envía a sus discípulos a bautizar a todos los hombres les dice que les bauticen “En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. También les dice que les llama amigos a los Doce porque “todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Y en otro Pasaje les dice a los judíos que “antes de que Abrahán existiese ya existía Yo”.

El Señor también dirá en otro momento “cuando levantéis al Hijo del Hombre sabréis que Yo soy”. Este término es el que utiliza Yavé cuando el dice a Moisés “Yo soy el que soy”. Posteriormente en la antigüedad cristiana Tertuliano reflexionará sobre el Misterio y es el primero que usa la palabra Trinidad para hablar del número tres que tan gran relevancia tiene en la Sagrada Escritura. 

En Oriente el escritor Teófilo de Antioquía ya habló de Triada para dar a conocer que Dios es Eterno y desde toda la eternidad el Hijo procede del Padre y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. El Concilio de Nicea, ante herejías como la arriana que negaba que Cristo fuese el Verbo Encarnado, definió que Cristo es de la misma Naturaleza que el Padre. Y como siguió habiendo discusiones en Constantinopla reafirmó el Dogma y añadió que el Espíritu Santo era Dios con el Padre y el Hijo. 

La instauración de la Solemnidad de la Santisima Trinidad en 1162 se debe a Santo Tomás Beckett. Cuando fue consagrado arzobispo de Canterbury al domingo siguiente a Pentecostés defendió que fuese un domingo para celebrar este Misterio como así ha llegado a nuestros días. También hoy es la Jornada Pro Orantibus para pedir por los religiosos de Vida Contemplativa.

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