VIERNES 31 DE AGOSTO

San Ramón Nonato: su padre lo quería administrador, pero la Virgen lo quiso santo

La madre de Ramón murió en el parto, pero él seguía vivo. No quedó huérfano, porque tenía a su padre y se abrazó a la Virgen. Ella le envió al encuentro de los cautivos, y le llevó hasta la santidad.

San Ramón Nonato: su padre lo quería administrador, pero la Virgen lo quiso santo

 

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 11:06

Terminamos el mes de agosto y lo hacemos con un Santo español: San Ramón Nonato. Surge una pregunta cuando oímos el añadido a su nombre (Nonato). ¿Llegó a nacer? Sí. Su nacimiento sería en el siglo XIII, y nadie pensaba que viviría porque su madre acababa de morir. Todos pensaban que la situación se quedaba así. Sin embargo, sintieron que el niño aún dentro de la madre daba señales de vida.

Muchas son las cualidades del pequeño, aunque si por algo destacaba, era por un inmenso amor a la Virgen. De hecho, la visitaba frecuentemente en la Ermita de San Nicolás. El padre reparó en que su hijo destacaba mucho, y pensó confiarle sus posesiones para que fuese un gran administrador. Ramón por el contrario, lo que quería era una consagración especial a Dios. De hecho, había conocido a San Pedro Nolasco, un religioso de gran hondura espiritual. De nuevo el padre insiste en la administración de sus bienes, pero tiene una fuerte experiencia de encuentro con la Virgen.

La Señora de los Cielos se aparece al mismo tiempo a Jaime I "El conquistador", a San Raimundo de Peñafort y al propio Ramón Nonato. Lo que les anima es a contribuir en el carisma de San Pedro Nolasco, los mercedarios, fundado para la atención a los cautivos humanos y espirituales. Para llevar a cabo la voluntad de Dios, lo primero que hace es ordenarse sacerdote. Pide como destino África, ya que sus hermanos de congregación se encuentran allí rescatando a cuantas personas están apresadas o esclavizadas.

Después de un tiempo allí, retorna por un periodo y su pensamiento es volver al continente africano, pero el Papa ha pensado en él para hacerle cardenal. Sin embargo, cuando marcha a Roma, no le da tiempo, ya que antes de los cuarenta años, muere, en medio de un clamor popular que le reconoce como Santo. Sus restos fueron sepultados en la Iglesia de San Nicolás, en Portell.

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