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SANTORAL 4 OCT

San Francisco de Asís, renunció hasta a su nombre por Cristo

Juan podría haber heredado el negocio familiar. Sin embargo, decide dejarlo todo por seguir a Cristo pobre. Al final, sí heredo, pero la santidad. 

San Francisco de Asís, renunció hasta a su nombre por Cristo

San Francisco de Asís, renunció hasta a su nombre por Cristo

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 04 oct 2018

Pocos Santos han alcanzado popularidad por su entrega y pobreza como el de hoy. Se trata de San Francisco de Asís. Su nacimiento en el pequeño pueblo italiano es en 1182. En su origen se llama Juan y no se puede decir que tuviera relación con su vida consagrada en su infancia. Su padre, Bernardone, es un comerciante de paños muy rico y vestía al joven Juan espléndidamente. Bernardone tiene la idea de que Juan sea un comerciante como él y que herede el negocio. Sin embargo, Dios tenía otra herencia pensada para Juan.

Un día, Juan siente una llamada especial a servir a Cristo. Podría hacerlo siendo comerciante, ejerciendo su profesión con justicia y ética. No obstante Cristo le llama a través de la pobreza, como pide el Evangelio. Bernardone trata de oponerse a esa decisión de su hijo. Llega a pedirle al obispo que le haga razonar, pero Juan tiene un compromiso radical. Decide despojarse de todo y se hace llamar Francisco desde ese momento.

Un día, rezando en la Iglesia de San Damián, Juan estaba ante el Cristo y siente que el Crucifijo le habla. Jesús le estaba pidiendo una cosa: que reparase su Iglesia que amenazaba con la ruina. Lo primero que hace Juan es mirar a su alrededor. Ve que esa iglesia en la que está se encuentra en mal estado. Por eso, hace una colecta para arreglarlo. ¿Sería eso lo que le pedía Jesús desde la Cruz? 

La Providencia le aclaró las ideas. Decide renunciar a su comodidad y vivir en pobreza material y espiritual. Un tiempo después, varios compañeros se le juntan para vivir de esta manera en medio del mundo. Así es como surgen los franciscanos. Hacía falta que el Papa aprobase el proyecto y van a Roma.

El Papa Honorio III estaba preocupado. Había soñado que la iglesia de San Juan de Letrán se caía, pero que un joven aparecía para sostener las columnas centrales del templo. Cuando llega Francisco, el Papa no duda que Francisco es el chico del sueño. Por ello, aprueba la Orden.

Francisco es un hombre sencillo y natural. Hace milagros y se entiende bien con los seres de la creación. Increíblemente, habla con los animales y las plantas. Uno de los casos que se le recuerda es un encuentro con el lobo de Gubbio, que aterraba a las gentes de esa zona. Después de que Francisco los visite, el lobo no volvió a atacarlos. 

Pero Francisco sentía que no podía dejar esta vida sin visitar Tierra Santa. Especialmente, le impacta la Cueva de Belén. En la Nochebuena de 1224, en la Misa del Gallo hace de barro al Niño, La Virgen y San José con un buey y una mula y les entroniza. Será el inicio del Belén tal y como le conocemos. 

En ese tiempo, se encuentra con Domingo de Guzmán, con quien tiene gran amistad. También es amigo de Santa Clara. Al compartir con ella cercanía mística, fundan juntos las Damas Pobres de San Damián, las Clarisas. Francisco muere en 1226, pero antes deja también la fórmula de los Terciarios Franciscanos para aquellos seglares que no quieren ir a un Convento pero quieren sentir el carisma franciscano. En el colmo de su humildad no se ordena sacerdote, se queda en Diácono para servicio en la Misa. Y un privilegio especial es haber tenido las llagas de la Pasión.

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