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Boletín

SANTORAL 22 JUNIO

Los Santos mártires que fueron fieles a la voz de Dios en su conciencia

Juan Fisher y Tomás Moro siguen fieles a Roma a pesar de que le cueste la muerte

Cruz y Luz

Jesús Luis Sacristán García

Jesús Luis Sacristán García

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 21:23

La voz de la conciencia siempre ha de mostrar una rectitud de intención porque, a través de ella, Dios habla a los creyentes para animarles a hacer o abandonar cualquier idea que pueda materializarse en una obra. La propia conciencia nos indica en el momento de hacer algo el itinerario a seguir y el camino a abandonar. Hoy celebramos a los Santos Juan Fisher y Tomás Moro, mártires por su conciencia recta a la que siguieron, obedeciendo en ella a Dios antes que a los hombres. 

Juan Fisher, hijo de un modesto mercero, nació en el Condado de York (Inglaterra), estudiando Teología en Cambridge. Su talla espiritual y humana le hizo que fuese, excepcionalmente, ordenado sacerdote con veintidós años, siendo poco después Vicecanciller de la propia Universidad. Gran humanista, promovió diversas cátedras y fundaciones, siendo nombrado Obispo de Rochester, desempeñando un ministerio de verdadera entrega y servicio por amor al Reino de Dios. Por su parte, Tomás Moro nació en 1477, y estudió en Óxford. Hombre de letras y también gran humanista, fue amigo personal y Gran canciller de Enrique VIII. 

Pero los acontecimientos cambiaron. Enrique VIII había emparentado con los Reyes Católicos al contraer matrimonio con su hija Catalina de Aragón. Pero llegó un momento en el que decidió casarse con la cortesana Ana Bolena. Ahora la cuestión era muy sencilla. Como él era rey no tenía más que proponer a Roma la nulidad de su matrimonio con la hija de los Reyes Católicos y tendría vía libre para casarse con Bolena por la Iglesia. El Papa estudia el caso y el Tribunal dicta sentencia: el matrimonio con Catalina fue canónico según las normas y no hay causa de disolución. Entonces el monarca inglés se toma la justicia por su mano. Deja de obedecer al Papa y se constituye en Cabeza de la Iglesia de Inglaterra. El rey entonces a todos los clérigos y parlamentarios le pide anexión. 

Sin embargo muchos católicos no acceden. Entre ellos Juan Fisher y Tomás Moro, a los que hemos aludido. Ellos se perfilan en la obediencia al Papa. Entonces son encadenados en la Torre de Londres por ver si reconsideran la postura. Pero no. El edicto final es que son acusados de alta traición y condenados a muerte. Los dos serán decapitados el año 1535.

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