Boletín

SANTORAL 29 JUNIO

Los Corazones de Jesús y María sustento de Pedro y Pablo, Columnas de la Iglesia

El Corazón de Jesús, el Inmaculado Corazón de María y San Pedro y San Pablo marcan el fin de la Pascua y de junio.

Jesús Luis Sacristán García

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 21:30

Toda realidad tiene un sustrato que le mantiene y le alienta. Ayer celebrábamos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Pero su festividad perdura hasta el domingo en el que culmina el mes de junio dedicado a Él. Hoy, por ejemplo, es la memoria del Inmaculado Corazón de María que desembocará mañana en la Renovación de España al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, un siglo después de que el Rey Alfonso XIII la hiciese en 1919. Y esto es sustrato de la Iglesia cuyas Columnas son los Santos Apóstoles Pedro y Pablo que celebramos hoy sábado. 

Simón es de Cafarnaum y de oficio pescador. El Maestro le elige a orillas del lago de Genesaret y le pone el sobrenombre de Pedro que significa “Piedra”. La ocasión se presenta en Galilea cuando el pescador confiesa ante los demás discípulos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios Bendito. El Señor además de decirle que eso se lo ha revelado el Padre del Cielo, le recalca que es Pedro y sobre esa Piedra quiere edificar su Iglesia, a la que el poder del infierno no la derrotará. De esta forma es el Vicario de Cristo y sus sucesores los Papas también. Durante la Pasión, Pedro niega al Maestro, pero tras la Resurrección es confirmado en ella. Por tres veces negó, por tres veces confiesa.

Desde Jerusalén va a Roma a predicar. En la Ciudad Eterna coincide con el incendio y los comienzos de la persecución a los cristianos. Según la tradición intenta huir pero se encuentra con el Señor con la Cruz a cuestas y surge el diálogo ¿Quo Vadis? (A dónde vas?) La respuesta del Maestro: A Roma ser crucifcado de nuevo. Pedro entonces vuelve y detenido es condenado a morir en la Cruz, pero pide que sea cabeza abajo porque es indigno de una muerte como la de Cristo. Es autor de las dos Cartas del Nuevo Testamento que llevan su nombre. 

Saulo, por su parte, es de Tarso de Cilicia y se educa en la flexibilidad del rabino Gamaliel aunque él es exigente y muy puritano. Celoso de la Ley no sólo colabora sino que incita a la persecución contra los cristianos. Toma parte en la lapidación de San Esteban custodiando las ropas de quienes le apedrearon, pero seguramente desde el Cielo el Protomártir cristiano le concede la conversión. Cuando Saulo va a Damasco, el Señor se le aparece, se cae del caballo y sufre un proceso de conversión. Cuando va a los judíos le desprecian. Entonces se convierte en Pablo el Apóstol de los Gentiles. Visita ciudades y funda comunidades cristianas a las que escribe cartas que se recogen en la Sagrada Escritura. Arrestado apela al César y una vez en Roma es condenado a morir decapitado.

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