Boletín

SANTORAL 19 JUNIO

El hombre que se consagró hasta lo inimaginable y logró convertir a su padre al cristianismo

San Romualdo fundó la Camáldula para una entrega total a Dios. Entre sus frutos, la conversión de su padre y de muchos otros a través de la oración 

La Camáldula
Jesús Luis Sacristán

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 19 jun 2019

Hace algo más de una semana, el Día de Pentecostés contaba San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, que los Once empezaron a hablar en lenguas diversas según les concedía expresarse el Espíritu. Eso significaba la diversidad de dones y carismas. Dentro de esos carismas que ha habido en la Iglesia, han surgido esposos, sacerdotes, laicos y consagrados y en estos últimos, variedad.

Hoy celebramos a San Romualdo que vivó una consagración hasta un extremo inimaginable, según le concedió el Espíritu Santo. Nace en Rávena en torno al año 950 cuando sus padres, los duques de Onesti, gobernaban la ciudad. Aunque fue educado sin una base cristiana, muchas veces se sentía insatisfecho y con grandes remordimientos de conciencia. La muerte en duelo de un hombre a manos de su padre le marcó terriblemente, por lo que decide irse a un Monasterio Benedictino, en plan de expiación.

Sin embargo, el Abad teme la venganza del padre de Romualdo y le niega la entrada, hasta que el Obispo intercede en su favor. Al encontrar que su vida molestaba a otros monjes decidió irse, encontrando a Marino, un ermitaño rudo, cuya vida de recogimiento hizo que se quedarse junto a él. La oración de ambos, obtuvo innumerables conversiones y cambios de vida. Entre los conversos se encontraba su propio padre que, al reconocer el horror de su crimen, se retira a un Convento hasta su muerte.

En el año 1012 funda la Camáldula, -cuyo nombre proviene del benefactor que regaló sus campos para la fundación-, cuyos monjes se dedican al silencio perpetuo y la oración. Con el tiempo cambia el hábito negro por el blanco. Al intentar irse a Hungría a morir mártir ve que Dios no se lo permite, por lo que se esmera en vivir santamente sus últimos años de convento. Muere hacia el año 1027.

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