
Madrid - Publicado el
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Nos encontramos en un día señalado que es signo y señal de la Gran Fiesta que se avecina en poco más de un mes: La Resurrección. Para ello nos adentramos en el Tiempo de Cuaresma. Y hoy es Miércoles de Ceniza con el que comienza este Tiempo Penitencia y de Conversión, por excelencia. Este día se vislumbra en el siglo XI.
La Iglesia en recuerdo de las fuertes penitencias que se hacían para expiar los pecados desde el principio, estableció este día para recibir una señal de penitencia que nos estimulase a prepararnos mejor. Ya en el Antiguo Testamento muchos profetas y patriarcas se cubrían de ceniza y se ponían un sayal en señal de penitencia.
Y nos adentramos en el desierto para acompañar a Cristo que se mete en la zona desértica para prepararse a iniciar su Vida Pública después de 29 años de Vida Oculta. Los cuarenta días penitenciales que marca la Cuaresma buscan el sentido de este número.
Porque cuarenta días, con sus cuarenta noches, es el periodo en el que estuvo Cristo en el desierto orando y ayunando, siendo tentado por el demonio para darnos ejemplo de que la tentación no es mala en sí.
Lo malo es caer en ella. Por eso Él la rechazó para que sigamos sus Huellas. Cuarenta también los días que duró el Diluvio en tiempos de Noé, y cuarenta los años que anduvo Israel tras salir de Egipto hasta llegar a la Tierra Prometida.
Y cuarenta los días que nos separan para el Triduo Pascual. Tres son los pilares para vivir este Tiempo: La oración, el ayuno y la limosna. La Ceniza que se impone sobre las cabezas se obtiene de quemar los ramos y palmas sobrantes del Domingo de Ramos del año anterior.





