Sordo y mudo, título homilético para 23 Domingo Tiempo Ordinario, B, (9-9-2018)

Sordo y mudo, título homilético para 23 Domingo Tiempo Ordinario, B, (9-9-2018)
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Sordo y mudo, título homilético para 23 Domingo Tiempo Ordinario, B, (9-9-2018)
"Decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis?Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará". Con estas palaras que hoy se leen en la misa, el profeta Isaías anuncia un futuro en que las capacidades humanas serán potencidas por Dios (Is 35,4-7).
Llega para el pueblo la hora en que será liberado de la esclavitud que había padecido en Babilonia. Además, la recuperación de los sentidos vendrá acompañada por un sorprendente cambio en el paisaje. En el desierto brotarán manantiales de agua y el páramo se convertirá en un estanque. Todo demuestra que Dios es el Señor del hombre y de su mundo.
Claro que para que la liberación traiga la armonía hay que escuchar la palabra de Dios y no hacer discriminación de personas. Ese es el mensaje de la carta de Santiago que se proclama en la segunda lectura (Sant 2,1-5).
LOS GESTOS Y LA PALABRA
El evangelio se hace eco de las promesas de Isaías. En tierra de paganos, a Jesús le presentan un sordo que apenas puede hablar. Son otros los que lo llevan hasta el Señor y suplican que le imponga las manos. Como se ve, el enfermo depende de los demás. Un aviso para nuestra autosuficiencia. Necesitamos que alguien nos acerque al Salvador
El texto anota que Jesús aparta de la gente al sordomudo. Es cierto que la persona necesita la ayuda de los demás para llegar hasta el Maestro, pero sólo de él puede venir la salvación. Jesús, que es la Palabra de Dios, es el único que puede capacitarnos para oír su mensaje y para poder transmitirlo a los demás.
Es interesante ver que los que acompañan al enfermo piden a Jesús que le imponga las manos. Ese gesto se convertiría en tradicional entre los creyentes. Pero no puede reducirse a un gesto mágico. Con él reconocemos la gratuidad de la bendición y los dones del Señor.
Jesús metió sus dedos en los oídos del sordo y con la saliva le tocó la lengua. Esos eran precisamente los gestos que podían llevar a aquel enfermo a comprender el don que Jesús le concedía. Sin embargo, los gestos fueron acompañados por una palabra, que la comunidad quiso conservar en la lengua original: "Effetá", esto es "ábrete".
ESCUCHAR Y PREGONAR
El relato evangélico recoge el comentario de las gentes que conocieron aquella curación: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos". Nos alegra comprobar que Jesús suscitaba la admiración de las gentes.
– Señor Jesús, en esta sociedad que te rechaza a ti y rechaza tu palabra, nos resulta difícil escuchar tu voz entre el bullicio y la publicidad. Abre tú nuestro oído para que aceptemos tu mensaje. Y suelta nuestra lengua para que podamos pregonar el "gozo del evangelio". Amén.
José-Román Flecha Andrés





