El sentido de la confesión en el catolicismo

La confesión es un sacramento y la oportunidad de descargar mucho del peso que llevamos encima en la vida dentro del catolicismo

El sentido de la confesión en el catolicismo

 

Javier González
Javier González

Redactor COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:51

Cuando la mochila te pesa, y llega un momento que ni sientes la espalda, puedes pararte a descansar... pero el peso va a seguir siendo el mismo cuando comiences a caminar de nuevo. Pero un hombre, que caminó por Jerusalén hace 2.000 años -y que vive hoy- ha decidido cargar Él con ese peso. Y de hecho, estaba dispuesto a morir, para que ese peso no terminara por consumirte.

Para hablar sobre la 'confesión' en la Iglesia Católica, lo primero que hay que decir es que es un sacramento. Y esto en nuestra fe, ya sabemos que son palabras mayores. Quiere decir que involucra directamente al de arriba. "Los sacramentos son el centro de la fe cristiana, por los que Dios comunica su gracia, se hace presente y actúa en nuestra vida", aseguraba el Papa Francisco durante una Audiencia General en el año 2014. 

En este caso, nuestro Padre se sirve de una persona para llevar a cabo 'la confesión' como tal, pero es Él el que realiza lo fundamental de esta acción. El sacramento de la confesión es la oportunidad que nos da Jesús para poder quitarnos esa mochila, dejarla en el suelo y que deje de pesar. Él se encarga de todo. Es un momento concreto en el que podemos descargar todo eso que nos pesa y que nos aparta de la felicidad plena, y que termina con lo más grande: el perdón de Dios.

No es el sacerdote el que perdona, tal vez él de la absolución, pero no es él el que nos ayuda a levantarnos en nuestras caídas -aunque puede echar una mano de otra manera-. Es el mismo Dios el que te dice de nuevo en este momento, que te quiere como eres, y que no hay nada que pueda separarte de Él.

Anda que no se queda uno a gusto, cuando pide perdón a la persona que ha podido hacer daño. Cuando tenemos la oportunidad de la reconciliación y de hacerlo real, tener un momento en el que yo, que sé que no soy perfecto, le digo a la otra persona que lo siento, que en el fondo no quería hacerle daño y que me arrepiento de ello. Y saber que la otra persona te perdona y te quiere igual... es una gran gracia. probablemente te habría perdonado igual, pero tener la oportunidad de poner de tu parte siempre es más reconfortante.


 


El momento de recibir el perdón

Cuando uno sabe de su imperfección y debilidad, se acerca con sicenridad y humildad, y con el propósito de mejorar... pedir perdón es un gran signo de amor hacia el otro y una gran lección para uno mismo. Nos ayuda a crecer y a querer más y mejor. Y que el mismo Dios, nos de la oportunidad de tener ese momento con Él, es sin duda un regalo.

El catecismo dice que es un "sacramento de conversión" y que significa una "vuelta al Padre", y ya sabemos por la parábola del Hijo Pródigo lo que significa para un cristiano la vuelta al Padre: un gran abrazo y una fiesta en su honor. También denomina a la confesión un "sacramento de la penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación".

Una nueva oportunidad de poder encontrarnos con Jesús y con el perdón, de sabernos amados por Él y también de poder descargar esa mochila tan pesada. Eso hace que el caminar por la vida sea mucho más ligero, y nos da la fuerza para andar con alegría y siempre mejor, hacia arriba.

 


 


 

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